Pocos músicos contemporáneos generan tanta admiración como el británico Steven Wilson. Aunque a nivel masivo puede no ser un multiplatino su reputación como compositor, productor y guitarrista crece cada día más.

Hace algunos días, lanzó al mercado su nueva placa llamada To the Bone, el primero bajo etiqueta Caroline, filial del grupo Universal. Wilson quien ganó fama en los noventa como líder de la banda progresiva Porcupine Tree, siempre se manifestó como un tipo inquieto, ajeno a los estereotipos y las etiquetas de la industria. A menudo, se desmarcaba del concepto tradicional de la progresiva, ligada a grandes suites de 20 minutos y excesivos solos instrumentales. Para Wilson, progresivo, significaba evolución, cambio, la opción de mezclar estilos más que encasillarse en uno.

A lo largo de su creación por Porcupine Tree, pasó de discos más ambientales con pasajes sonoros similares a Pink Floyd, a acordes más pesados e incluso baladas emblemáticas como Lazarus. Lo mismo en su labor de productor, donde trabajó entre otros con Fish, Anathema y Opeth.

Ya en solitario, Wilson, tampoco dejó de evolucionar, realizó uno de los mejores discos del último tiempo como Hand, Cannot, Erase y se dio el gusto de reversionar a Alanis Morrisette, Abba, Prince y The Cure en su placa “Cover Version”.

Wilson, sostiene que la percepción por parte de un sector de la crítica, es que su música es deprimente y parece que ese “cartel” le generó más de algún ruido en su cabeza creativa, porque To the bone, se sacude de muchas cosas, entre ellas, de cierta oscuridad en sus trabajos antecesores.

Con un temor similar al que se generó cuando los fanáticos de Génesis vieron que Phil Collins lo convirtió en una máquina de éxitos o cuando Yes, publicó 90125 y Owner of a lonely heart, llegó al número uno. Los seguidores más radicales de Wilson, arrugaron la cara cuando escucharon un tema con claros tintes bailables como Permanating, donde se ve incluso en el video al músico tocando piano a un grupo de bailarines hindúes.

To the Bone, es un álbum de canciones, más que un proyecto conceptual, no hay ausencia de creatividad o talento, solo hay una forma distinta de enfrentarlos. Wilson, se prueba a sí mismo y prueba al resto, haciendo lo que quiere y como quiere, con arreglos muy interesantes, donde el mellotrón sigue siendo un integrante más de la fiesta. Hay momentos muy altos, como Nowhere now, cuyo videoclip fue grabado en Chile en San Pedro de Atacama y el observatorio ALMA, lo propio con People Who Eat Darkness o el dúo que realiza con Ninet Tayeb en Pariah.

To the bone, es un disco para los viejos seguidores de Wilson que lo redescubrirán y también para los nuevos que se suman a la tropa, porque si hay algo que provoca este inglés es que quienes llegan a su música, quieren saber más de él y todo lo que ha hecho a en su generosa discografía.

Comentarios

comentarios