Son decenas los documentales biográficos que cada año nutren el archivismo musical, e incontables las publicaciones que consiguen mantener la rentabilidad de músicos famosos décadas después de su muerte. No hay por eso nada excepcional en volver a tener hoy a Kurt Cobain en la pauta de los medios, por una y otra causa: Montage of heck se estrenó en abril en cines de Estados Unidos e Inglaterra (estará en cinco ciudades de nuestro país a fines de este mes) con el más detallado reporte sobre la vida del líder de Nirvana llevado hasta ahora a la pantalla grande; y a mediados de año debiese estar a la venta un disco con grabaciones suyas no profesionales que hasta ahora casi nadie conocía. Son novedades valiosas pero esperables: vendrán con los años más investigaciones biográficas, más fotos desconocidas y más discos con sobras, porque así es cómo el mercado compensa la frustración que nos produce recordar a un talento truncado en plenitud de condiciones.

La pregunta no es tanto por qué Kurt Cobain sigue interesándonos sino cómo se hace para entender mejor la creatividad expresiva de un chico al que le bastaron veintisiete años de vida para reorientar el curso de la canción popular (a quien crea que su influjo es sólo rockero, que recuerde que hasta el brasileño Caetano Veloso nombra a Nirvana como una influencia en su música). Las grabaciones legadas por Cobain y su banda son de una total vigencia, y su brillo como autor e intérprete está ahí, intacto.

Montage of heck ha tenido críticas muy dispares. Incluso una cinta extensa, tiene que dejar fuera hitos y voces relevantes. En este caso, la ausencia de Dave Grohl es sospechosa, así como la doble presencia de Courtney Love en calidad de arte y de parte para la reconstrucción biográfica sobre un hombre al que acompañó sólo en los tres últimos años de su vida. La detención del filme en esa convivencia matrimonial apurada por la fama, el narcisismo y las drogas se hace a ratos incómoda, pero no alcanza a agriar el valioso material de archivo familiar que sostiene la primera mitad. Kurt Cobain es un ejemplo de manual para el adolescente conflictuado que encuentra en la música un refugio, y que consigue establecer con la composición de canciones una dinámica de total compromiso.

Hay negocio y hay ansia de polémica en la recirculación de su nombre por estos días, pero también claves innegables para comprender su talento. Mejor nos acostumbramos a que los grandes creadores son mujeres y hombres de revelaciones póstumas.