Por mucho tiempo, los proyectos por llevar la vida de músicos al cine consideraban como elementales dos condiciones: la primera, abordar a una figura ultrafamosa, casi por encima del bien y del mal; la segunda, que ésta estuviese ya varios metros bajo tierra. Oliver Stone se ocupó así con Jim Morrison; Clint Eastwood, con Charlie Parker; Milos Forman, con Wolfgang Amadeus Mozart. Hasta el año 2000 el caudal de biografías musicales en pantalla era relativamente abordable, pero el torrente es hoy ya confuso e imparable. Son decenas las que se estrenan cada semestre, tanto en documental como en semificción —y también ficción, como en Whiplash—; de vivos famosos y muertos desconocidos; y además en registros de verdad inesperados (una nueva cinta sobre el grupo estadounidense Replacements, por ejemplo, pone en pantalla sólo voces de fans de la banda; no a sus integrantes). Si hasta Cate Blanchett hizo hace unos años de Bob Dylan es porque en el género ya todo es cancha. 

Aunque Montage of heck, el discutible documental sobre Kurt Cobain, y Amy (que la familia Winehouse odió), lleven este año la delantera en cobertura de prensa, es probable que en el apartado gane en relevancia Love & Mercy, la cinta sobre Brian Wilson que ha llegado este mes a salas del primer mundo. Dos actores famosos (John Cusack y Paul Dano) encarnan dos etapas de la vida del genial y errático líder de los Beach Boys, dominadas ambas por la dificultad de congeniar creación y salud mental. No sólo la crítica se ha entusiasmado con el filme, sino que el propio Wilson la llamó “muy factual; tanto, que por diez minutos me asusté”. En un género necesitado del aire fresco de directores capaces de tomar distancia de la pura trivia, una cinta que acota su mirada, esquiva maniqueísmos, desconfía de los alardes de gloria, y presenta una banda sonora original —y no sólo un grandes éxitos del retratado— será bienvenida. El director Bill Pohlad tuvo siempre un norte claro: “No hacer un biopic”. Sólo así incluso un experto en los Beach Boys puede llegar a sorprenderse sentado en el cine, y a la vez un auditor lejano llegar a sentirse cautivado. Elegir las mejores películas sobre músicos es una buena conversación de sobremesa —en nuestra lista habría que dejarle espacio al menos a Chet Baker: Let’s get lost, The devil and Daniel Johnston, Luca y Control, entre otras—, y la selección nunca debiese ser una carrera de datos. El fanatismo por una discografía en el cine importa poco. Dentro y fuera del estudio de grabación, lo que pesa es la historia.