Tal como Adele ha venido hasta ahora numerando sus discos con las edades sucesivas que ha cumplido a modo de títulos, Ed Sheeran ha demostrado tener también un plan ordenado para dominar el mundo, o al menos para organizar su discografía, que en su caso no son cosas tan distintas. “x”, “+” y “÷”, en otras palabras las operaciones aritméticas de multiplicar, sumar y dividir, se llaman los álbumes con que este cantante inglés se ha transformado en los últimos seis años en una superestrella y más: en un ejemplo avanzado de cómo se produce música pop en estos días.

A Chile ya vino una vez, a llenar de fans la pista atlética del Estadio Nacional en 2015. Y ahora vuelve por partida doble: a probar cuánto ha crecido su arrastre, esta vez con dos shows el 15 y el 16 de mayo en Movistar Arena, y a presentar su flamante disco, lanzado al mundo en marzo recién pasado. Pero también a mostrar el poder de su catálogo y el desprejuicio con que se vale de más de un género musical para transformarlo en éxito. Lo hizo al debutar con “x” (2011), yendo de la guitarra acústica a cierto estilo vocal como aprendido del dance hall para acumular palabras en “Lego house”, “U.N.I.” y la más urbana “You need me, I don’t need you”, o desde la misma guitarra acústica sobre una batería programada en “The city” hasta la balada de “Kiss me”, la intimidad en “Small bump” o la vulnerabilidad incluso en “This”. Lo corroboró luego en “x” (2014), con más gesto hip-hop en “Don’t” y una retórica al borde del rap en “Nina” y “The man” junto con nuevas cuotas folk en “Tenerife sea” y otro éxito pausado en “Thinking out loud”, aparte de dos impactos como “Sing” y “Runaway”, canciones compuestas junto a un zar de la industria pop como Pharrell Williams.

Y Ed Sheeran lo consolida ahora en “÷” (2017), entre la contención de “Castle on the hill”, el R&B de “Dive” y las rimas de “Eraser” o “New man”, una canción donde este hombre vuelve a probar que está rapeando cuando canta o viceversa. Y no faltan las rúbricas mayores. Ahí se oye el éxito a toda prueba de “Galway girl”, donde a tono con el nombre de esa ciudad irlandesa en el título aparece hasta el espejismo de unas gaitas en el coro. Y está también la cadenciosa “Shape of you”, donde Ed termina por descifrar el genoma del reggaetón, no para copiarlo sino para traducirlo a su idioma personal y lograr una invitación instantánea al movimiento. Sensacional, en una palabra. Claves de su estilo son sus melodías y esa voz aguda, casi de falsete y con cierto vibrato suave, pero la eficacia está sobre todo en esa aptitud para traducir diversas fuentes. Pop, folk, hip-hop, R&B, lo que venga; Ed Sheeran lo captura y lo suma, porque de eso se trata: sumar, multiplicar, dividir incluso. Nunca restar.