Leer que en un mismo mes hay novedades laborales de parte de Deborah Harry, Chrissie Hynde y Patti Smith no es sorprendente por la edad y experiencia musical de las involucradas, sino más bien por el hecho de que sus pasos profesionales sean hoy materia de grandes titulares. Las tres son voces de los años setenta —fue en esa década que publicaron sus primeros discos—, y marcaron entonces un sello de tan firme identidad y estilo que parecía imposible pudiera crecer sin desgastarse ni hacerlas perder su carácter en el trayecto. Debbie Harry propulsaba con Blondie un sonido pop de gran ambición, qué duda cabe, pero también de tan firme autonomía que era plausible imaginarla en retiro al poco andar, sin ganas de cumplir con las obligaciones de una diva. Chrissie Hynde ostentaba junto a los Pretenders un tan irresistible diseño de impasibilidad, que no había cómo imaginarla sorteando con la misma flema su vejez. Patti Smith, en tanto, se asomaba y se desarrollaba en el limbo del culto pequeño, el de poesía y rock de ruido, casi sin promoción: la condición de estrella que ha ganado en la última década debe ser sorprendente, sobre todo, para ella misma.

Y aquí están, sin embargo, con nuevas grabaciones (un disco solista en el caso de Hynde; uno junto a Blondie, en el de Harry; un tema nuevo para una banda sonora, en el de Smith), shows y entrevistas cientos de veces más contundentes que las que se le pueden leer a Lana del Rey. El sensato crítico musical Greil Marcus zanja así su prestigio en común: “Nunca se interesaron en los roles femeninos convencionales; particularmente, en aquellos promovidos por los medios”. 

Existen hoy cantantes tanto o más hermosas, talentosas y trabajadoras que esa triada de gloria, pero también es cierto que el pop actual es prueba para obedientes. Incluso a aquellas trayectorias levantadas desde una aparente disidencia, la ferocidad de la competencia y el tamaño del mercado les impide hoy atisbos de espontaneidad. Si se escuchan voces feministas, es en discursos elaborados, no en el arrojo de gestos subversivos. Que cualquier banda necesite hoy un equipo de estilistas descompone a la cantante de los Pretenders: “Con nosotros, era salir a la calle con lo puesto, tomarnos una foto, y esa foto era la carátula del disco. El tiempo se nos iba en otras cosas”. No es que ir contra la norma sea hoy imposible: es que es probable que nadie lo note si no tienes dinero para promocionarlo como es debido.