Esta banda tiene la gracia de ser uno de esos grupos que te sorprende en cada disco, a veces para bien y otras para dejar dudas. Spirit no es la excepción , no deja indiferente, golpea, azota las neuronas con una oscuridad envolvente, casi adictiva.

En un siglo donde el mundo transita por estados de confusión, soledad y dureza, Spirit se mimetiza como una banda sonora para los tiempos modernos.

La gracia de este décimo cuarto trabajo de los británicos es que conecta al grupo con esa parte industrial tan propia de la electrónica experimental, donde las programaciones se vuelven sustanciales y no superficiales.

Spirit no es fácil y eso lo hace más atractivo aún, porque obliga a escucharlo con atención en cada pasada. Se digiere como un bocado lento y en cada tema se descubre sensaciones distintas. Con guiños al rock alemán de los setenta y a los clásicos de la electrónica más densa y vanguardista, debe ser uno de los buenos discos de Depeche Mode en su historia musical contemporánea.

Nuevamente el trabajo vocal de Dave Gahan es impecable. Y la labor de producción de James Ford hace la suyo. Ford, conocido por su trabajo con Arctic Monkeys, le imprime su sello a Spirit apoyando de gran manera la labor creativa de Martin Gore.

La salida del Reino Unido del Brexit y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca fueron temas que influyeron en la creación de Spirit. El propio vocalista Dave Gahan dijo en varias entrevistas que hasta su hija se sintió perturbada por la llegada de Trump al poder.

Quizás la crítica que se le puede hacer a Spirit es que no tiene un gran sencillo como Personal Jesus o Policy of truth, pero no sé si en el contexto en que fue concebido este disco, tenía cabida una canción así.

Un álbum imperdible para escuchar una y otra vez…

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