Dato para el titular: En la que ha sido prácticamente su mayor apuesta en vivo corriendo con colores propios, la cantante nacional Denise Rosenthal anotó un meritorio sold out en su reciente doblete en el Teatro Nescafé de las Artes, los días miércoles 23 y jueves 24 de mayo.

Hito destacable, y puesto en ecuación con los miles de seguidores que la artista tiene en Instagram, sus años en el ruedo, su presencia mediática y su reciente vinculación a un gran sello, termina de configurar un auspicioso panorama a su alrededor.

Pero lo cierto es que en este gran encuentro con el público, lanzamiento oficial de su disco “Cambio de piel”, Rosenthal aún muestra su oferta y talento por destellos, con más ganas que certezas, como una artista que aparenta dirigirse a ciertas estaciones, pero que aún no consigue arribar a las mismas.

El terreno que pisa todavía luce blando, comenzando por un pasado que parece no saber cómo administrar: A ratos lo acaricia con nostalgia, luego lo mira con distancia, y en otros quizás lo asume como insoslayable ante seguidoras que aún quieren dar en el gusto a la niña que vive en ellas. Pero lo concreto es que ahí están esos temas de “Amango” y “El blog de la Feña”, y ahí está también “I wanna give my heart”. Esta última una canción del destacable disco “Fiesta” (2013), que inmerecidamente termina metido en el saco de aquello que hay que dejar atrás.

De ahí que el mayor peso de la noche estuviera en “Cambio de piel”, título que intenta hacer carne viva sobre el escenario, elevándolo implícitamente a la categoría de única apuesta legítima entre las que hasta ahora se haya embarcado.

No es para tanto, pero ya que estamos en eso, se valora que al menos la mayoría de las canciones de esa placa adquieran en vivo el carácter que en el álbum escasea. Algo más de rodaje en su banda integrada sólo por mujeres (alineación que formó ya entrado el año), sin dudas contribuiría a incrementar aquello, a fin de evitar momentos de caos como el del epílogo de “Amor con amor se paga”.

Pero entre esos altos y bajos, hay algo que logra seguir incólume: La madera artística de Rosenthal, dueña de un potencial indiscutible que aúna interpretación, presencia, rigor escénico e innegable atractivo. Con ese material, otras a los 27 años de vida y diez de carrera ya estarían más que consolidadas. La ex “Amango”, en cambio, se ha tomado todo el tiempo del mundo para romper su cascarón.

Ojalá los indicios dados esta semana sean señal de que esa etapa puede quedar atrás, para de una vez por todas ver a Denise Rosenthal como aquello que está llamada a ser: No otra cosa que la gran popstar de nuestro medio.

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