Sin mar ni grandes riquezas naturales, Malí es uno de los 25 países más pobres del mundo; pero se consuela con una música maravillosa: se dice que acá nació el blues. Uno de los mejores exponentes de la música maliense, el dúo Amadou et Mariam (llamados la pareja ciega de Malí), viene a Chile, un país donde poco se sabe de esos lugares. Apenas por el djembé (un tambor africano muy popular hoy) y Tombuctú (símbolo de lo remoto e ignoto)… “No se conoce Malí”, dice Amadou por teléfono desde París. “En muchas naciones cuando se menciona Tombuctú, no saben dónde queda. Pero yo he estado allá muchas veces”, señala riendo.
Tiene una manera cadenciosa de hablar, una voz impregnada por la música. Arrastra las palabras como si pensara en otra cosa. Y a cada rato exclama: Ouais, ouais, ouais (que es como el yeah, yeah, yeah, de los ingleses).

Son uno de los grupos más exitosos del planeta en el género ‘música del mundo’ y los más famosos de Africa, están nominados como Mejor acto africano en los premios MOBO (Music of Black Origin 2012). Ganaron el ‘Grammy francés’, La Victoire de la Musique (2005) al mejor álbum del año de World Music. “Fue una gran alegría para nosotros después de hacer música durante tantos años”, confesó Mariam al sitio Froggy’s Delight. Consiguieron además, disco de platino y dos premios de la BBC Radio 3.
La pareja se conoció en el Instituto de Jóvenes Ciegos de Bamako, la capital de Malí. Amadou perdió la visión a los 16 años y Mariam a los cinco. “Hablamos de música, empezamos a estar con los amigos y a tocar juntos, y descubrimos que era bueno, y que nos podríamos casar. Nos comprendíamos bien”, cuenta el músico.
Por ese tiempo, Amadou se presentaba con Los embajadores del Motel de Bamako, un grupo legendario del Africa Occidental. Luego comenzaron a cantar juntos. En 1986 se instalaron en Costa de Marfil. Realizaron giras por la región y en 1997 grabaron el CD Sou ni tilé (Noche y día); una de sus canciones, Je pense à toi (Pienso en ti), se transformó en un hit en las radios francesas (vendió más de 100 mil ejemplares).
Así llamaron la atención del músico franco-español Manu Chao, quien colaboró con ellos en 2004 en el disco Dimanche à Bamako, que cuenta lo hermosos que son los domingos en la capital de Malí. Fue un éxito total. Amadou lo recuerda con cariño. “Mi canción favorita, La Réalité, es de este álbum. Fue un gran encuentro el que tuvimos con Manu Chao; él amaba nuestra música y quiso ayudarnos. Permitió que otras personas nos conocieran. Nos abrió muchas puertas”. En el videoclip de La Réalité el protagonista es el actor Vincent Cassel (El cisne negro), otro aficionado a la música de Amadou et Mariam. En YouTube se encuentra la gran versión que tocaron en Lollapalooza 2008.

Su música es muy bailable. Amadou es un diestro guitarrista de blues al estilo de B.B. King. Habitualmente hace la primera voz, y lo acompaña Mariam. El resto, es una mezcla enorme. Pura fusión. A veces, evita la batería e introduce solamente percusión africana. “Tenemos una buena cantidad de djembés”. En otras oportunidades, incorpora coros de niños.
Las canciones parecen medio hipnóticas, repetitivas, cercanas al trance. Amadou cuenta que en Malí la música es muy frecuente en todas las actividades: en los matrimonios, en el campo, en la caza, antes de las conferencias… “Está siempre presente. Es algo cultural y sociológico”.
Uno recuerda los cantos en los campos de algodón, los spirituals… Hacen una interesante mezcla de antiguas tradiciones y ritmos modernos. Y van más lejos en su último disco, Folila, que presentarán en Santiago el 25 de octubre. Grabaron las canciones dos veces. Primero, con amigos estadounidenses como Santigold, Yeah Yeah Yeahs y TV On The Radio en Nueva York. Después en Bamako con músicos africanos, con hartos djembés, marimbas y teclados. La última etapa fue unir ambas versiones, para lo cual recurrieron a un ejército de ingenieros y mezcladores como Kennie Takahashi, quien trabaja con el músico Danger Mouse. El resultado es notable.

Es su primera vez en Chile, pero ya han visitado Argentina y Brasil. Viven constantemente en gira. El domingo 9 de septiembre pasado culminaron Africa Express, en la que recorrieron Inglaterra en tren durante una semana con 80 artistas africanos y occidentales. En la última jornada se juntaron sobre el escenario dos de los bajistas más espectaculares del rock clásico: Paul McCartney y John Paul Jones (de Led Zeppelin). En las paradas, realizaron una labor humanitaria visitando hospitales y escuelas.
—¿Le gustan los Beatles?
—¡Oh, sí! ¡Los Beatles! —y se pone a cantar—: Don’t let me down; don’t let me down. Cuando estuvimos en Africa Express, Paul McCartney vino a tocar con nosotros.
Es generoso con el escenario: le gusta compartirlo. (Cree en las mezclas.) Han estado con muchos de los grandes, como David Gilmour (el guitarrista de Pink Floyd, un ídolo de Amadou) y Paul Simon.
Han teloneado a U2 y a Coldplay. Se presentaron cuando le entregaron el anticipado Premio Nobel de la Paz a Barack Obama, y tuvieron la oportunidad de conocerlo. Además, participaron en la ceremonia inaugural de los dos últimos campeonatos mundiales de fútbol.
Cuando terminen esta gira retomarán un proyecto que llaman Eclipse (Concert dans le noir), que “consiste en hacer conciertos a oscuras, sin luz, para solamente escuchar la música. Sólo se ve la música”, explica Amadou. El primero de estos recitales tuvo lugar el año pasado en el Manchester International Festival.

Como el noventa por ciento de la población de Malí, Amadou et Mariam son musulmanes. “Creemos en ayudar a la gente, en hacernos cargo de su sufrimiento. Les decimos a las personas que es necesario dar una mano, trabajar juntos. La vida dura sólo un corto período”, afirma Amadou. Por ello, han colaborado en muchas obras humanitarias, como la protección de las mujeres africanas en el proyecto Raise Hope for Congo. Son embajadores del Programa Mundial de Alimentos (ONU), la agencia humanitaria más grande del mundo que lucha contra el hambre.
El mensaje está en las canciones: “La hipocresía en la política no es buena, no es buena, no la queremos. La demagogia en la política no es buena, no es buena, no la queremos. La dictadura en la política no es buena, no es buena, no la queremos. Respeto, respeto por el pueblo. Paz, paz para el pueblo” (Ce n’est pas bon).
“Cantamos para combatir el hambre en el mundo. Hacemos conferencias después de los conciertos. Cuando se tiene una cierta popularidad, es necesario tratar de ayudar a los otros”.

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