Un descalzo David Gilmour se sienta en el living de su legendaria casa flotante en el río Támesis, en Londres, con el aire acondicionado a todo dar y un tazón de café. A los 69 años, el vocalista y dueño de la prodigiosa guitarra de Pink Floyd está a punto de hacer realidad algo que parecía mito: tocar en Chile.

Con un Estadio Nacional lleno en tiempo récord: en sólo nueve horas vendió 40 mil entradas, las que ya están agotadas, según informó la productora The FanLab, la que traerá este 20 de diciembre a las 21 horas a esta leyenda viva del rock en el marco de su gira Rattle That Lock, que revisa las cumbres de la banda inglesa además de sus éxitos como solista, acompañado por músicos de la talla de Phil Manzanera, entre otros.

Aquí Gilmour, reacio a hablar de Pink Floyd , que acaba de firmar su retiro definitivo con el disco The Endless river, nos muestra su visión del mundo en que vivimos, su relación con su compañera y cómplice musical Polly Samson, y la prisión que hemos creado para nosotros gracias a la tecnología.

—Antes de empezar: Acabo de ser informado que no puedo preguntarle sobre Pink Floyd. ¿Por qué es tan importante para usted?

—Porque estoy enfermo y cansado de eso. Es decir, literalmente ha respondido cada pregunta sobre la banda, posiblemente, al menos dos veces. Y eso me hace sentir como un hámster en una rueda. Además, no quiero vivir en el pasado, prefiero el momento y disfrutar al máximo. Por lo tanto, estoy aquí para hablar sobre un nuevo disco y nueva gira, pero no sobre mi relación con Roger (Waters) o sobre lo que creamos en 1975 o cualquier cosa parecida. Pink Floyd fue grande, pero se acabó y la vida continúa. Algunos no quieren darse cuenta de eso o simplemente pretenden ignorarlo.

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—El show de Rattle that lock parte con una canción que se llama “5 A.M.”: ¿Qué es lo que haces a esa hora? ¿Escuchas a los pájaros cantar y luego derecho a trabajar?

—Ah, bueno, no muchas veces me levanto y parto a grabar… Pero, cuando los pájaros cantan en la madrugada, grabo a las cinco de la mañana, porque me despierto muchas veces cuando está empezando un toque de luz en el cielo. Es encantador para sentarse y mirar por la ventana y sentir ese momento del día.

—¿Tu mujer, Polly Samson, es como tu letrista oficial?

—Sí, ella ha escrito letras para mí y otras juntos hace veintitantos años. Ahora Polly está menos limitada para tratar de imaginar lo que pienso y lo que estoy sintiendo. Es una liberación que ella ha encontrado y eso moviliza, y nos estamos convirtiendo en un equipo mejor.

—Mientras, usted prefiere que la guitarra hable.

—Mmmm. Ojalá.

—Sus solos de guitarra son como una voz.

—A veces me gusta expresarme yo mismo… quiero decir, me gusta hacer melodías en la guitarra. No quiero tocar notas que no significan nada. Me encanta la voz humana y mi propia voz. La combinación de lo que puede pasar cuando tienes una letra que puede ser triste y una música edificante. La tristeza y la elevación crean una tercera emoción, sentido, pero la música y las palabras juntas crean algo que ninguna de las dos cosas individuales logra.

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—En Rattle that look uno puede ver el disco como “un día en la vida”… Son un montón de cosas sucediendo en diez canciones.

—Bueno, usted puede sentarse y pensar acerca de cómo mierda debe ser estar como soldado en Afganistán. O tener cinco minutos para pensar en Rick Wright (amigo y tecladista de Pink Floyd) y el hecho de que ha muerto y ya no tienes esa relación musical, de partner. ¿Sabes? Se puede pasar dos minutos pensando en tus padres o hijos y tus esperanzas para ellos. Todas son cosas diferentes, pero suena como a un día completo.

—¿Qué hacer con el siglo XXI, con nosotros tan cerca de una tercera guerra mundial u otra Guerra Fría? Es aterrador, ¿no?

—Sí. Hubo un momento en 1989, cuando cayó el muro y pensamos que el mundo se estaba convirtiendo en un mejor lugar, pero luego se generó todo tipo de mierda. Ahora tenemos a ISIS y demasiadas atrocidades sucediendo. Para mí, aquí, en Inglaterra, esto parece más un estado policial donde el gobierno reprime toda protesta. El mundo se está endureciendo otra vez y no me gusta. Las letras de Polly sirven para animar a la gente a conocer sus sentimientos y no dejar que los bastardos te golpeen.

—¿Fueron los ’60 y ’70 más liberales que ahora? ¿O es solo un mito?

—Algunas cosas han mejorado muchísimo. Pero el mundo es un motor lento. Las cosas van hacia adelante, luego retrocedemos y creemos que se han hecho progresos reales, pero son dolorosamente lentos y en este momento se siente como se cierran ciertas cosas más de las que se están abriendo.

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—¿Hemos construido nuestra propia jaula con la ayuda de la tecnología?

—¡Sí! La tecnología se está moviendo a una velocidad que no puede alcanzar la mente humana. Es decir, sospecho que miraremos 30 años atrás —yo no voy por aquí—, y las personas dirán: “Dios, es tan confuso”. Habrá soluciones a muchos de los problemas que tenemos. Eso espero. Pero eso no va a pasar tan rápido como deseamos.

—¿En tu gira tocarás tus viejas canciones de Pink Floyd?

—Sí, sí. Claro. He tenido una larga y fructífera carrera, muchas canciones. Algunas de ellas con Roger (Waters), muchas con Nick (Mason), y estoy muy contento de eso. Los momentos infelices son menos del 5 por ciento y el 95 por ciento no es más que alegría, satisfacción por el trabajo que hicimos y placer en compañía del otro, un montón de risas. Pero ‘shit happens’, se rompen cosas. Todo es parte de la estructura natural del tapiz de la vida.