Camaleónico, intrépido y audaz, David Byrne (65) siempre da de qué hablar. Ya sea que un fan lo pilló pedaleando por la ciudad antes de un concierto, o porque públicamente le dedicó un playlist con canciones de origen africano o caribeño a Donald Trump, el cantante, guitarrista, cineasta y actor escocés —nacionalizado estadounidense— siempre tiene un as bajo la manga. Esta vez, los fanáticos chilenos están ansiosos porque vuelve como uno de los grandes protagonistas del line up de Lollapalooza 2018 —que se celebrará desde el 16 al 18 de marzo en el Parque O’Higgins—.

Durante la primera jornada, David exhibirá un show digno de un artista de su clase. La última vez que el autor de Psycho Killer se presentó en Chile fue el 2004 en la Estación Mapocho y tuvo que enfrentar una serie de problemas acústicos que lo dejaron con una sensación amarga.

“Me sentí frustrado y avergonzado”, declaró días después. El fundador de Talking Heads destaca por su profesionalismo, por lo que aquella presentación quedó en el recuerdo como una mala anécdota dentro de una carrera repleta de éxitos. Su próximo show en Lollapalooza pretende ser la revancha de un grande. “Con todo el mundo moviéndose, me he dado cuenta de que hace falta un escenario completamente despejado”, escribió en Facebook, adelantando una gira que comenzará el 3 de marzo en Nueva Jersey, para luego continuar por otras ciudades de la costa estadounidense, hasta llegar a Chile, Argentina y Brasil, como el plato fuerte de los festivales Lollapalooza de cada uno de estos países.

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“Es el espectáculo más ambicioso desde los conciertos que fueron grabados para la película Stop Making Sense (1984), así que crucemos los dedos”, anunció en la misma red social y señaló que interpretará temas antiguos y otros más actuales, como This is That (2018), la nueva canción de su próximo álbum, American Utopia. “El título no se refiere a una utopía como tal, sino a nuestros anhelos, frustraciones, aspiraciones, temores y esperanzas con respecto a lo que podría ser posible”, explicó sobre el disco que verá la luz el 9 de marzo y que contará con las colaboraciones de Brian Eno, Jam City y Doveman, rompiendo el silencio que mantuvo como solista por catorce años, desde Grown Backwards (2004). Eso sí, en 2012 la estrella sorprendió colaborando junto a St.Vicent en el disco Love This Giant.

Hoy, el escocés promete traer al escenario chileno la audacia y dinamismo que lo identifica desde sus inicios. Partió tocando en diversas bandas locales en Nueva York, pero su gran salto fue la creación en 1974 de Talking Heads, junto a Chris Frantz y Tina Weymouth —luego se integró también el guitarrista y tecladista Jerry Harrison—. Con sonidos de new wave y post-punk, la banda debutó al año siguiente como teloneros de Los Ramones, por lo que sólo fue cosa de tiempo para que se transformaran en uno de los conjuntos más aclamados, logrando gran notoriedad en la escena mundial gracias a sus ocho discos de estudio. Tanto así, que la revista Rolling Stone los ubicó entre los 100 artistas más grandes de todos los tiempos. En 1991 anunciaron su separación, pero eso no significó que el músico de la voz intensa dejaría de componer. Como solista, Byrne se transformó en un camaleón de la música, y experimentó con una variada paleta de sonidos, desde el new wave, pasando por el conceptualismo pop, hasta una sorprendente pasión por los ritmos africanos e influencias latinoamericanas.

EN DOS RUEDAS

Fue durante esta época que participó en el ya extinto programa Martes 13, hasta donde llegó para promocionar su disco Rei Momo (1989). Se trató de una oda a los ritmos latinos, como la rumba y la salsa, por lo que frente a una audiencia un tanto apretada, armó la fiesta al interpretar su canción Make Believe Mambo. La anécdota se suma a muchas otras de esta excéntrica personalidad que, además, se identifica como un fanático de las bicicletas. “El desarrollo sostenible, el transporte público y el carril bici ya no son objeto de desprecio burlón”, explica el intérprete de Once in a Lifetime en su libro Diarios de bicicleta (2011) de editorial Random House Mandadori.

En el texto, Byrne se declara en contra del uso de automóviles y relata su historial recorriendo las calles del mundo sobre dos ruedas. A mitad de los años ochenta, descubrió las bicicletas plegables, se compró una y la transformó en su fiel compañera de giras. Berlín, Estambul, Buenos Aires, Manila, Sydney, Londres, San Francisco, Nueva York y hasta Santiago son sólo algunas de las capitales que el artista ha recorrido pedaleando. “Cada vez que conozco una ciudad en bicicleta, me siento parte de la calle, me involucro con la vida y me siento más humano”, explica en el libro. Pero el perfil literario de David no quedó solamente ahí.

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En 2014 publicó Cómo funciona la música, una especie de enciclopedia en donde realiza un recorrido por la historia musical. Además, explica cómo los factores sociales influyen en la creación de canciones y géneros. El cine y la composición de bandas sonoras también acapararon su atención. Dirigió y protagonizó True Story (1986), un filme que combina arte y comedia; y también ganó un premio Oscar junto a Ryuichi Sakamoto por crear la música de la película El último emperador (1987), dirigida por Bernardo Bertolucci.

Hoy, el multifacético artista está enfrascado en el proyecto Reason To Be Cheerful (Razones para estar alegre), dentro del cual creó un sitio web donde comparte iniciativas locales para construir un mundo mejor. “Es mi forma de cooperar para construir una sociedad más optimista”, explicó en el lanzamiento de la página. Mientras tanto, se prepara musicalmente para sorprender en esta nueva gira que hará retumbar el Parque O’Higgins. Con una cuota de suerte, más de alguno se lo podrá topar por las ciclovías de Santiago, mientras pedalea y se empapa con los paisajes y la cultura de la capital.