Es cierto que vivimos tiempos de retromanía pop, cuando casi todos los discos actuales se valen del déjà vu como recurso expresivo. Pero la música de los franceses consigue darle a los recuerdos un giro diferente y meritorio. Quizá tenga que ver con su lucidez para asumir aquellas citas a las que echarán mano —tomadas, esta vez, sobre todo de esa era dorada que hizo de la música disco vanguardia, en los años setenta—, y luego trabajarlas con el suficiente cuidado y soltura para elevarlas hacia espacios emotivos aún inexplorados.

Daft punk son Guy Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter.

Es tan poderoso el primer single con el que se ha dado a conocer este disco —no querer bailar con Get lucky es no tener sangre en las venas— y tan costosa y movediza su campaña promocional, que muchos se han puesto en guardia. El álbum completo (con vistosos colaboradores a bordo) pasa por ánimos diversos, no siempre impactantes ni ágiles, pero no falla en conseguir que sus composiciones sean excepcionalmente sugerentes. El dúo ha estado repitiendo en sus entrevistas recientes la palabra ‘magia’, y al escuchar este disco uno puede entender por qué. Lo suyo es una apuesta por volver a dotar al pop de cierta connotación misteriosa que la técnica, el mercadeo y la banalidad han casi dinamitado.

En Daft Punk la ambición no se asocia al alcance de su oferta, necesariamente, sino a la apuesta por emocionar de un modo que muchos de los nuevos músicos pop creen imposible, como si el temblor que produce una melodía bien articulada fuese un don ya extinto. Para conseguirlo, a veces el par de músicos elige apoyarse en recursos baratos (un coro infantil, un sintetizador de voz invasivo, versos cliché), pero articulados de un modo tan minucioso y entusiasta, que al menos asegura que la atención no será en vano. Su amor sincero por el pop es contagioso, y alegra un rato la vida entregarse a él sin ponerle resguardos.

>Escucha Get Lucky de Daft Punk y Pharrell Williams