Busqué diferentes maneras de enfrentar este blog sin caer en lo típico. Han pasado varios días desde que murió Gustavo Cerati y probablemente se ha dicho y escrito casi todo sobre él.

Mientras trato de ordenar estas palabras suena de fondo Dynamo, uno de los discos más atractivos de Soda Stereo, este álbum tiene un vértigo y una potencia que sintetizan la vida de Cerati.  Si tuviera que definir a este músico lo haría con la palabra “inquieto“. El guitarrista simboliza la búsqueda permanente por diversificarse e investigar nuevas corrientes musicales. Y gracias a esto el mérito de Soda Stereo fue ese, tener la capacidad de reinventarse en cada placa, aunque muchos los catalogaron de “livianitos y poperos ” en sus inicios, con el paso del tiempo se le dio el valor real al trío.

Gus no sólo hizo esto con su grupo, lo realizó como solista, como productor, como colaborador  y también como fiel oyente de otras corrientes. Así tocó temas de Vox Dei o sampleó a Focus y Los Jaivas. Este hombre siempre tenía algo con lo que nos podía sorprender.

Por extraña coincidencia, la semana pasada, tuve una regresión a los ochenta de manera brutal. La muerte de Gustavo gatilló una serie de recuerdos. Mi mente se trasladó a tiempos en que muchos hicimos cosas que tal vez no haríamos hoy. Cuesta describir esa época, para quienes no la vivieron. Nada era fácil menos en el mundo musical, para conseguir discos de vinilo había que esperar con paciencia en Fusión o Circus.  Todo estaba en cassettes que se pasaban de mano en mano o que se grababan de algún especial de la radio Galaxia o Carolina.

Chile era diferente en los ochenta, muchos éramos distintos, crecimos con miedo, vivimos el miedo (sensación que reapareció esta semana en varios de nosotros), pero también supimos que de la dictadura se podía escapar en mundos propios, que se podía censurar todo, menos la mente. Y en ese momento el Argentino y sus canciones fueron muy importantes, porque disfrutar una guitarra rítmica no era ser light, sino una manera distinta de vivir la música en momento oscuro de nuestra historia.

Chile tiene una devoción por caricaturizar y clasificar a la gente, y en esa época no había excepción, estaban quienes preferían el rock latino, los más argentinizados escuchaban a Soda, Git o Virus y también había contestatarios que preferían a Los Prisioneros y experimentales que seguían a Electrodomésticos o la Banda del Pequeño Vicio. Era una convivencia curiosa en una diversidad cultural que comenzaba a despertar. Había otros más radicales que seguían el canto nuevo y la onda más ”Café del Cerro style “, pero con el paso de los años y como todo en la vida, todo cambia con el paso del tiempo.

Cerati nos dejó muchas herencias más allá de las canciones, nos regaló momentos inolvidables con una manera bastante onírica de escribir letras. Se rodeó de grandes porque los verdaderos genios nivelan hacia arriba y se respetan. Así lo entendieron Aznar, Charly, Spinetta, Mercedes Sosa o Melero.

Coqueteó con la música clásica y la electrónica, y nunca dejó de ser un tipo “inquieto”. Hoy ya no está y con ello se fue una parte de nosotros. Tal vez sea el símbolo real de que los ochenta se murieron y con ello se fue todo lo bueno y todo lo malo de años que serán inolvidables.

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