Cada vez que un cantautor publica un disco inspirado en su reciente divorcio —lo explicite como tal o no— los medios aplauden la valentía de esa revelación emocional como si se tratase de un atrevimiento de excepción. Pero la verdad es que de discos de ruptura amorosa estamos rodeados, y lo seguiremos estando. Los hicieron Bob Dylan y Jorge Drexler, Frank Sinatra y Beck, Marvin Gaye y Amy Winehouse (todos ellos, estupendos). Sólo el año pasado, dos de los mejores discos publicados por chilenos tuvieron un quiebre amoroso como inspiración evidente: Libro, de Jorge González, y Antártica, de Leo Quinteros. Canciones de revelación, de adultez, de fragilidad y de pérdida.

Pero un disco de divorcio puede ser, también, un desastre en varios planos. No toda exposición sale elegante ni toda revelación es justa. Es gracioso lo que ha pasado al respecto este mes con Robin Thicke, un cantante sobrevalorado en su talento pop por su adherente pero sonso hit “Blurred lines” (2013), y hoy convertido en “el hazmerreír de la industria” (lo dice The Guardian) por los horribles resultados críticos, económicos y promocionales de su nuevo disco, Paula. Sí: Paula como su ex esposa, la actriz Paula Patton, la mujer de la que oficializó su separación en febrero, y a la que no ha dejado de dedicarle canciones en sus conciertos desde entonces. La inspiradora de temas como “Get her back” (Recuperarla), “Love can grow back” (El amor puede volver a crecer) y “Forever love”. Canciones de ruptura con un objetivo en la mira. Confesiones de quiebre con elástico. Líos entre dos sobreexpuestos en los ránkings. “Los fans quieren saber, pero no tanto”, advirtió alguien en Billboard al comentar el disco. Cuando Frank Sinatra narraba en Watertown (1970) los detalles mínimos en torno a un hogar que se desmorona y esos días inasibles que suceden a la partida (“por un rato pasan algunos días sin sensación de vacío / hasta que recuerdo que te fuiste”, canta en “For a while”), lo hacía con la sutileza de una narración que podía ser ficticia, pero que se volvía dolorosa precisamente por esa atención a lo mínimo. La canción emotiva debe abstraerse de la instrumentalización del himno. Es conmovedora precisamente porque no busca un efecto.