No necesité ir a buscar un CD de Chuck Berry para homenajearlo cuando supe el domingo que, lamentablemente, había fallecido: lo tengo siempre al lado del equipo de música. Hay veces en que necesito fuertemente escuchar “Almost Grown”, “Back in the USA” o “Nadine”. Y tengo que ponerle “pausa” a la vida hasta que el disco esté girando.

Lo mismo me pasa con Carl Perkins: siempre tengo un cassette suyo a mano (para esas veces en que a la vida se le cae su sentido).

También dispongo del cassette con el programa que hicimos sobre Chuck Berry en Radio La Clave (lo condujo Miguel Davagnino) a las 10 de la noche el domingo 4 de septiembre de 1988. Fue un programa de una hora que acompañaba una crónica que yo escribí en la revista Domingo de “El Mercurio”. Se llamaba “En el nombre del rock”.

Nadie conocía a Chuck Berry por acá en esos tiempos. Cuando escribí, unos meses después, acerca de Jerry Lee Lewis (por la película “Great Balls of Fire”), las personas creían que me refería al actor cómico Jerry Lewis…

Como explica en la crónica el experto en rocanrol Carlos Arancibia Castillo, el problema es que sus sellos no tenían representación en Chile. Simplemente, no los tocaban. (Y, en aquellos años, nunca nos faltó buena música).

Estos fueron los personajes (Berry, Perkins) que le dieron un rostro al rocanrol por allá por 1956, cuando todavía era una masa amorfa. Pocos pueden decir —como Berry— que contaron con la admiración incondicional de The Beatles y de los Rolling Stones.

El primer single de los Rolling Stones (en junio de 1963) es “Come On”, el último single de Berry antes de ingresar a la cárcel entre febrero de 1962 y octubre de 1963. Un mes después de que saliera en libertad, Los Beatles graban “Roll Over, Beethoven” (canta George Harrison) y justo un año después hacen “Rock and Roll Music” (canta John Lennon).

La música de Chuck Berry hace que las personas bailen automáticamente con espasmos. Sus efectos se pueden ver en el saxofonista Bobby Keys cuando comienza “Nadine” en el documental “Hail! Hail! Rock ‘n’ Roll” (1987), o en el guitarrista Keith Richards cuando los Rolling Stones hacen una gran interpretación de “Around and Around” (1964).

Algo especial tiene la música de Chuck Berry: algo sincopado o funkie que no deja a nadie tranquilo. No olvidar a Uma Thurman y John Travolta (¡un extraordinario bailarín!) bailando “You Never Can Tell” en Pulp Fiction.

Un tipo extraordinariamente dotado, Chuck Berry era un gran compositor, un enorme cantante y un eximio guitarrista. Las letras de las canciones son muy buenas (Berry es un buen poeta, inspirado y divertido). Los riffs en la guitarra son inolvidables. Canta clarito, Chuck Berry tiene una gran dicción, modula correctamente. Cuando lo escuchaban en la radio, muchos pensaban que era un blanco el que cantaba.

Muy pocos roqueros pueden decir eso. Jimi Hendrix y George Harrison son dos. Pero, además, Chuck Berry bailaba en el escenario y hacía su “caminata de pato”: ahí les gana a todos.

Si el rock fuera una causa, si el rock fuera una nación, Chuck Berry sería su Padre de la Patria.

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