Tal como el ave fénix. Desde la cumbre del éxito musical y el reconocimiento mundial a su ingenuo pero travieso pop y luego de toda una revolución mediática en torno a su vida privada que terminó por destruir su imagen, hoy Britney Spears (33) renace de las cenizas y vuelve a construir un nuevo camino que como siempre, sorprende. Sonriente y con una figura que hace recordar los viejos tiempos de Oops!… I didn’t again, la rubia fue la portada para la revista People con sus dos hijos, Sean Preston (9) y Jayden James (8) y declaró estar en su “mejor momento”. Cabeza rapada, adicciones y la pelea pública por recuperar la tuición de sus hijos frente a su ex marido, el bailarín Kevin Federline, parecen ser cuentos de antaño para una de las artistas que hoy cuenta con una de las mejores proyecciones en 2015. Con el “mejor show” en Planet Hollywood, según Las Vegas Review Journal, un nuevo álbum y sencillo junto a Iggy Azalea y posando como la madre nunca antes vista, la princesa del pop pareciera estar de vuelta, pero más madura.

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Hija ilustre del programa de televisión The Mickey Mouse club, Britney conoció la fama desde temprana edad junto a Christina Aguilera, Jessica Simpson y uno de sus más polémicos ex romances, Justin Timberlake. Todavía adolescente, ya se proyectaba como una nueva embajadora del pop y a los 16 años, la ‘sucesora de Madonna’ rompió el record con el álbum más vendido de una solista adolescente con Baby one more time. Desde ahí, su carrera musical fue en ascenso y hits del estilo Crazy, Toxic y Me against the music se tomaron las radios del mundo entero, le entregaron una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y construyeron su fortuna de casi 130 millones de dólares según el sitio Celebrity Networth

Sin embargo, fueron los amores y desamores de la rubia junto a los artistas del momento —pero siempre jurando una promesa a la virginidad hasta el matrimonio que mantenía con inquebrantable ingenuidad—, los que hicieron a Britney tocar fondo a principios del segundo milenio y vivir en carne y hueso lo que sería la ingratitud de la fama que la cobijó desde los nueve años. Fue en 2002 cuando la artista puso fin a su relación con Justin Timberlake. Quiebre mediático en el que el cantante contó en el programa de televisión de Bárbara Walters que Britney había dejado de ser virgen después de estar con él. Un año después, la cantante subió al escenario junto a su mentora, Madonna y Christina Aguilera para interpretar el éxito de la reina del pop, Like a virgin. Un beso de cinco segundos entre la reina del pop y Britney y Christina se convirtió en uno de los escándalos más comentados de la industria musical. Meses más tarde, la rubia se casó en la famosa Little White Wedding Chapel con Jason Alexander en una de sus tantas noches de desenfreno en Las Vegas y 55 horas después, el matrimonio anunció su divorcio. En septiembre de ese mismo año, la cantante se casó con el bailarín Kevin Federline, padre de sus dos hijos y con quien protagonizó el reality show Kevin & Britney: Chaotic, donde la pareja dio a conocer al mundo su relación tormentosa. Escándalos en tribunales para recuperar la tuición de sus hijos e imágenes de la cantante bajo los efectos de sicotrópicos provocaron un desenlace al más puro estilo Britney y dos años después, el matrimonio se acabaría públicamente.

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Adicción a las drogas y el alcohol, constantes idas a rehabilitación, salidas nocturnas registradas por todos los paparazzis del mundo que daban cuenta de un impactante deterioro de su cara y cuerpo y la pérdida de la tutela de sus hijos, hicieron del 2007 el llamado ‘año de Britney’ y que comenzó con la que sería una de las máximas revoluciones de la artista a su antigua imagen de ‘niña buena’: raparse la cabeza. Sin embargo, Britney seguía lanzando discos y conquistando los primeros puestos de las listas debido a que su popularidad crecía sin parar gracias a sus escándalos. Piece of me se convirtió en una de las canciones reveladores de su quinto álbum y que daba a conocer los acosos que vivió por parte de la prensa.  Otros tres álbumes de estudio, pero con una imagen destruida y con apenas algunas giras por Estados Unidos, hicieron oficial el receso en su carrera de la mano de un notorio retiro de la órbita paparazzi. Sus apariciones en algunos shows causaron polémica por su excesivo playback, su aparente consumo de drogas antes de subir al escenario y los ‘kilos de más’ que no permitían hacer las piruetas de baile a la artista.

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Pero una década tuvo que pasar para que ahora Britney hiciera su reaparición en verdadera gloria y majestad. Después de haber reencantado a la audiencia y a muchos de sus antiguos fans como jurado del programa The X factor en 2012, Britney decidió volver el año pasado a las pistas de la música con Piece of me, su megaespectáculo en la ciudad del pecado. Es el show más vendido de esta temporada en Las Vegas con ganancias de 50 millones de dólares en un poco más de un año y amenaza con quedarse hasta 2017, eso además de haber entregado nuevamente la popularidad al establecimiento de Planet Hollywood. Mucho más delgada y con una vitalidad impactante, Spears canta y baila en vivo todo su repertorio sin una pizca de sudor. No es casualidad que planee lanzar su nuevo álbum de estudio durante este año ni que haya grabado una de las ídolas teenagers de la época, Iggy Azalea. 

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“Estoy más feliz que nunca”, dijo la rubia a la revista People por el actual momento en donde su familia, el corazón y las ganancias parecieran volver a rozar la cumbre del éxito. “Mis hijos son lo primero”, aseguró a la revista que diez años antes mostró a Federline y los hijos de la cantante en picada contra la artista cuando no pudo obtener la tuición. Una nueva relación amorosa –pero mediática– junto a Charlie Ebersol, con quien le “encantaría” casarse de nuevo, dan cuenta de una Britney igual de enamorada pero a la vez más mesurada. Fotografías subidas a su Instagram con sus “tres amores” en sus últimas vacaciones en Hawai, jugando en la arena de la costa de California, todos abrazados en casa, pedaleando en bicicleta por Santa Bárbara y nadando con delfines en Las Vegas, hacen creer que todos esos años de destrucción, peleas, adicciones y hundimiento musical por parte de la prensa, tuvieron alguna razón de ser o no fueron más que una simple ilusión.