Querer todo parece una ambición legítima para cualquier joven soñador. Pero, ¿asusta tenerlo todo? No heredarlo, sino que lograrlo todo. Beyoncé Knowles, con apenas 32 años —una Virgo práctica y ordenada—, llegó a ese punto y todavía quiere más. No hay una célula de miedo en su curvilíneo cuerpo.

A una fortuna que se acerca a los 400 millones de dólares, a su matrimonio que funciona como reloj en la intimidad y el trabajo (el rapero y magnate Jay Z es también productor y compañero de canto en varios discos), una hija sana y la devoción absoluta de críticos e industria, la artista suma ser el rostro visible de la lista más importante del año: los 100 personajes más influyentes que elabora la revista Time.

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La cantante, con poca ropa y actitud sensual adorna la portada del esperado número de esa edición. Un honor que fue acompañado con una breve semblanza de la pluma de otra ‘peso pesado’ global, Sheryl Sandberg, la directora operativa de Facebook. La ejecutiva, que conoce cómo es el juego en las grandes ligas, reconoció en la diva pop, no sólo su influencia cultural, sino que también ese motor que la hace dueña de su propio juego.

El ejemplo más claro de que le gusta moverse con reglas propias es el lanzamiento del último disco que lleva su nombre: Beyoncé. En diciembre puso el material al público sin previo aviso, saltándose todo tipo de promoción formal y estrategia de marketing.

Entre la nueva placa y su tour mundial —que retoma una segunda fase con su marido (y que podría acercarla a Chile)—, la cantante también ha tenido que esquivar el lado oscuro de la fama.  El punto más bajo lo vivió en febrero pasado, cuando un fotógrafo declaró al diario francés Le Figaró que Barack Obama y Beyoncé tenían más que una relación de admiración mutua. El gráfico precisó que el influyente matutino The Washignton Post iba a publicar fotos con el affaire. Reviviendo la fantasía JFK-Marilyn.

Hubo conmoción en todos los medios posibles frente a las supuestas imágenes. El día llegó y nada salió. Desde Europa señalaron que se trató de un ejercicio para comprobar la alta velocidad que corre la falsa información con las nuevas tecnologías.

Tras el incidente ‘¡plop!’, el mal sabor le quedó a Beyoncé. Pero no le baja la velocidad en su ruta hacia un futuro con más logros.

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—¿Cuál ha sido el momento más definitorio en su carrera?

—Cantar At Last para el Presidente Barack Obama y la Primera Dama en el Baile Inaugural, cuando recién llegaron a la Casa Blanca. Ni siquiera puedo describir todo lo orgullosa que me sentí. Fue un momento tan emotivo… El día más grandioso e importante de mi carrera musical. Me inspiró a ser mejor, más inteligente e involucrarme socialmente. Fui muy bendecida. Es algo que nunca olvidaré .

—¿Cómo equilibra el trabajo y su vida personal?

—Hay que darse tiempo. Por eso establecí hace poco una nueva regla: después de cinco días de trabajo, me tomo uno libre. También trato de meditar a diario. El equilibrio es difícil, pero he aprendido después de muchos años que es algo a lo que tienes que dedicarle atención.

—¿Cuál fue el mejor consejo que le dieron para hacer frente a la exposición?

—Se fiel a ti misma y confía en tus instintos.

—Mirando hacia atrás, ha tenido años agitados, ¿qué ha sido lo más difícil?

—Nada en la vida viene fácil. Todo lo que vale la pena significa trabajo duro y dedicación. Amo lo que hago. Me encanta actuar y conectarme con la gente a través de mi música y películas.

—Pero cuesta en el mundo del entretenimiento mantenerse ‘aterrizada’. ¿Cuál es su consejo para los jóvenes artistas?

—Desarrollar una piel dura. Tengan confianza y orgullo. Nunca se rindan. En cierto momento tendrán que decidir si realmente este camino es lo que quieren. Si es así, ¡hay mucho trabajo! Hay sacrificio personal.

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—Los medios de chismes siempre la tienen en la mira. ¿Cómo lidia con eso?

—He hecho un esfuerzo consciente para no revisarlos en la web. De vez en cuando miro internet y me encuentro con rumores sin ninguna validez. Trato de no leerlos porque existe gente que no es buena. Soy humana y hay cosas que me molestan. Intento mantener las cosas en perspectiva.

—De niña, ¿quiénes fueron sus influencias musicales más importantes? ¿A quién admira hoy?

—¡Wow! Hay mucha gente. Miro a artistas completos en busca de inspiración: Diana Ross, Stevie Wonder, Anita Baker, Luther Vandross, Rachelle Ferrell, Michael Jackson y Tina Turner son algunos… Pero hay más.

—¿Con quién le gustaría trabajar?

—Me encantaría hacer algo con Barbra Streisand. Ella es directora, actriz, cantante y productora. Es una mujer increíble. Tuve el honor de cantarle The Way We Were cuando la incluyeron en la selección del Centro Kennedy.

—Sus discos han tenido un éxito increíble y ha ganado muchos premios. ¿Hay algo que no ha logrado todavía?

—Sí. Todavía sueño con actuar en algún escenario de Broadway. Una de mis metas más importantes es ganar un Grammy, Tony y el Oscar. Soy bastante ambiciosa, ya ves (ríe).

—¿Cree que en el futuro se va a inclinar más hacia las películas?

—La música es mi pasión. Siempre voy a estar grabando, porque es una manera de expresarme. ¿El cine? Por supuesto que me encantaría seguir actuando. Busco elevar la vara profesional y probar cosas nuevas .

—¿Alguna vez se logra bailar fácilmente en tacos altos?

—La parte más difícil es bailar y cantar al mismo tiempo. Hay que estar en forma y bien hidratada. En este punto de mi carrera, moverme en tacones es ya parte de mi naturaleza.

—¿Qué siente frente a los ránkings que clasifican a las mujeres según su sensualidad?

—Es difícil ser una mujer porque se pone mucho énfasis en la manera en que nos vemos. Creo que cada una de nosotras es diferente y única. Si te sientes segura en tu piel, eres sexy.

—Si pudiera encontrarse con un personaje del mundo —vivo o muerto—, ¿quién sería y qué le diría?

—Me gustaría ver a mi abuela Agnes Dereon. Ella era una mujer maravillosa y nunca tuve la oportunidad de conocerla, porque murió antes de que yo naciera. Cuando mi mamá y yo comenzamos nuestra línea de ropa, decidimos ponerle su nombre. Ella era costurera y modista que hizo hermosa ropa a medida para clientes ricos del sur de Estados Unidos.

Ahora la cantante tiene una fila infinita de diseñadores y firmas de lujo que sueñan con vestirla.