Es increíble cómo han pasado estos 21 años, desde el primer disco de Garbage. Mucha agua, de verdad, pasó bajo el puente de este proyecto del productor Butch Vig, que nació casi como una necesidad natural, de volcar en un escenario, sus experiencias detrás de la mesa de sonido. Invitó a dos colegas y amigos Steve Marker y Duke Erikson y se enamoró musicalmente hablando, de una escocesa que vio en MTV llamada Shirley Manson.

Garbage irrumpió con fuerza en el mercado musical, la experiencia de Butch Vig trabajando como productor con Nirvana y The Smashing Pumpkins, sirvió y mucho, el sonido de la banda, transitaba por la potencia de las guitarras, las mezclas en capas que formaban una atmósfera envolvente y el trabajo de Shirley que se posicionó como un ícono entre las vocalistas femeninas.

Hace unos días, Garbage volvió a sorprendernos con su sexta placa, Strange Little birds, un disco muy interesante, porque no sólo muestra la maduración del grupo, sino también, que el paso de los años, no es en vano, cuando hay capacidad de renovarse.

Shirley Manson es una chica adorable musicalmente hablando, te envuelve, te atrapa, te contagia y sus escuderos, que manejan a sus anchas las virtudes de una buena mezcla, le sacan partido a la voz de la ex pelirroja.

Cuando Manson, explicó que el título del disco, obedecía a esa sensación de patitos feos , con la que siempre convivieron en la industria, confidenció también que a estas alturas, con 49 años, ya se acepta como es y no piensa en el que dirán. Una mujer que en su vida se levantó de momentos difíciles y debió luchar contra muchos prejuicios para ganarse un espacio con talento y no sólo con su belleza física. No es casualidad que recién, hace unos meses se animó a revelar el abuso sexual que sufrió a los 13 años, no para sacar provecho mediático, sino para evitar que otras chicas sufran lo mismo.

A lo largo de once canciones y como se puede resumir en varios artículos en la web, Garbage reivindica el derecho a la imperfección, a más que perfectos a sentirse frescos.

Desde un arranque muy industrial, pasando por las pegagosas Empty y We never tell, la notable If I lost you (muy parecida al sonido electrónico de bandas como Goldfrapp). La gracia de Strange Little Birds, es que suena impecable. Nada parece sobrar, con temas de seis minutos, que no agotan.

El cierre con Teaching Little fingers to play y Amends, recuerda mucho de ese sonido tan característico de Garbage en sus primeros discos, pero que no parece añejo, sino más vigente que nunca. Por lo mismo, la invitación es a que compartan esta inyección de energía para el segundo semestre del 2016, porque Strange Little Birds, es un gran regalo para pasar el invierno. 

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