Cuenta Jorge Drexler en una de las entrevistas que dio para promocionar su nuevo trabajo Bailar en la cueva, que una de las cosas que más lo marcó de la dictadura militar uruguaya fue que “nadie bailaba”. Había cosas más importantes de las cuales preocuparse y eso trivializó el baile como forma de expresión.

Drexler piensa que tal vez se podría haber utilizado el baile como foco de resistencia, demostrándole a los opresores que podían reprimirlos en casi todo, menos en la forma de bailar.

Basado entre otras cosas, en esos recuerdos, llega esta nueva placa de Drexler. Un álbum que el músico busca definir en una frase: “Es un disco hecho con los pies”. Una prolongación creativa de lo que el cantautor resume como sus noches de fiesta después de cada concierto, donde se daba un hecho paradójico, ya que cada vez que ponían una canción de él, la gente aprovechaba de hacer un break en la diversión e ir por un trago para sentarse a conversar.

El sonido Blades, era lo que Drexler quería homologar, esas canciones que te hacen moverte y que te llegan dentro, donde el mensaje profundo no está ajeno al ritmo y los movimientos de cadera.

El ambiente de Colombia fue el ideal para que este artista radicado en España, pudiese capitalizar toda la influencia necesaria para darle movimiento a su música.

Reconocido por su talento para las letras, pero también para conseguir un sonido perfecto, eso no es ajeno en este disco. Lo que se puede apreciar desde el inicio con Bailar en la cueva –canción que le da nombre al álbum y que tiene la particularidad de encerrar un concepto ancestral para Drexler– es ese lugar donde nos juntamos a compartir con los nuestros.

En la canción Bolivia, es imposible no hacer la conexión con Kevin Johansen, de hecho el comienzo es muy similar al estilo que cultiva el argentino, una canción particular para Jorge Drexler por dos motivos, por un lado cuenta la historia de su familia que llegó a Oruro huyendo del horror nazi, y por el otro porque fue el tema que posibilitó el encuentro creativo con Caetano Veloso, un hecho que se dio por casualidad, pero también por el gusto que siente Drexler por la música del brasileño, quien logró participar de este nuevo disco.

Veloso grabó su parte en Río de Janeiro bajo la supervisión de su hijo Moreno, quien al enviarle la canción le escribió a Drexler “Gostei muito da sua cumbia tropicalista“.

La luna de Rasquí es otro tema inspirador, dedicado al Tío Simón, el maestro venezolano Simón Díaz, uno de los más importantes creadores de Venezuela que murió en febrero pasado a los 85 años. O Universos Paralelos donde se luce la chilena Anita Tijoux.

Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos cantaban Los Prisioneros. Hoy el continente parece unificarse por primera vez a punta de acordes y versos. Drexler se emparenta con otros creadores pero también con sus seguidores, se potenció en redes sociales con su Twitter, desarrolló una App, protagonizó una película, estrenó un ballet, entre otras cosas.

El uruguayo lo dice y lo reafirma en cada nota, “la música más que un momento malo, vive un cambio. Un momento en que las herramientas y la información están a la mano para crear. La cultura es el perfume de nuestra especie. Cuidemos a los perfumeros” dice Drexler.

Bailar en la cueva es una experiencia necesaria y concreta para volver a encantarse con la música y sus colores.
Sensaciones que podremos apreciar en vivo el 9 y 10 de mayo en el Teatro Caupolicán.

> Escucha A bailar en la cueva de Jorge Drexler

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