Venían de sufrir un incomprensible ninguneo a mediados de este año, tras la aparición de su disco “Everything now”. Sin mesura alguna, fans que se declararon decepcionados decidieron trapear el piso con el álbum, engordando la bola de nieve hasta dejarla perfectamente instalada en la vitrina de las (pos) verdades. Así funcionan las cosas hoy…

Desde luego, partamos aclarando que “Everything now” nunca fue un fiasco, por mucho que no siguiera la línea de obras cuasi infalibles a las que los canadienses nos venían mal acostumbrando. Es, eso sí, un trabajo que pide otro proceso de digestión, distinto del que se reclama en estos tiempos de premura ante los juicios.

Lo bueno es que un colectivo tan cuidadoso del estándar como Arcade Fire, no iba a dejar que el cemento solidificara así como así, y antes de que todo obtuviera su forma definitiva, salieron a defender lo suyo en un terreno que los tiene en lo más alto: El show en vivo.

Así lo pudimos comprobar la noche de este lunes 11 de diciembre en Movistar Arena, donde el grupo apeló a su repertorio histórico y a esas mismas piezas subvaloradas, para dejar en claro que los que veneramos antes y despreciamos luego, son exactamente los mismos tipos, poseedores de una sustancia que los puso en su sitial actual y que se mantiene intacta.

Eso se notó desde la mismísima entrada, con un ring y un ingreso de velada de box anticipando el mazazo, pero sobre todo con “Everything now” (la canción) demostrando que la performance es un territorio que Arcade Fire utiliza para llevar sus piezas a un siguiente nivel. Aquí se juega con otras reglas, no tanto escénicas, sino más bien musicales. Una suerte de “todo vale” que busca inundar a la audiencia como una represa que se abre.

Así pasan clásicos como “No cars go” o la conmovedora “Neighborhood #3″, pero también canciones del último álbum a las que el bullicio post publicación pareció poner en vilo, y que a todas luces merecen un mejor destino. “Signs of life”, “Creature confort”, “Electric blue” y “Put your money on me”, son tal vez las más elocuentes.

Otras, corren riesgo de naufragar a causa de cierto engolosinamiento que a Arcade Fire todavía le cuesta moderar. “Here comes the night time” y “Haití”, con Bomba Estéreo sobre el escenario para totalizar cerca de una quincena de músicos, a ratos se tornan extremadamente confusas, con roles sobrantes que la camaradería no alcanza a excusar.

Afortunadamente es un paréntesis breve, antes de retomar el rumbo hacia donde los canadienses saben bien cómo dirigirse: La demostración de que son una banda que juega en liga aparte, que en vivo dictan sus propias reglas, y que los juicios apresurados son un ejercicio arriesgado cuando se trata de ellos. Porque, más temprano que tarde, los mismos Arcade Fire pueden ser quienes aparezcan para poner las cosas en su lugar.

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