Ojalá la publicación de un buen disco generase por sí solo el interés que en los medios locales parecen tener cualquier guiño que la rígida institucionalidad de la industria global le hace cada tanto a nuestros músicos. Ana Tijoux ha sido nominada de nuevo a un Grammy, y la noticia impulsa a asomarse a esas categorías tan curiosas que entidades como la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación inventan para estos casos: mejor disco latino rock/urbano/alternativo. Todo junto en un mismo saco: el álbum más reciente de la mejor rapera chilena, Vengo, tras un galardón que también puede caer en Calle 13, Molotov, Jorge Drexler o los colombianos ChocQuibTown (podría ser peor: por mejor álbum latino de pop Rubén Blades compite con Marco Antonio Solís); y que en rigor no necesita para certificarse como hito de la música en español aparecida este año. 

Vengo ha sido una marca capital para la carrera de Ana Tijoux, y un Grammy no vendrá a revelarnos lo que ha estado al alcance de quien quiera escucharlo desde hace seis meses. La voz de una autora consciente de su tiempo, de su entorno y de sus raíces, dispuesta a articular todo aquello en piezas de producción imaginativa y arreglos minuciosos; con recursos, capas y timbres dispuestos sin mezquindad y con carácter. Tijoux tiene a sus enemigos claros (el patriarcado, los derechos sociales privatizados, los represores de palestinos son algunos de ellos), y los denuncia sin eslóganes, equilibrando el grito del activismo con la ternura de quien, en “Emilia”, le canta a su hija de pocos meses de vida. A la elogiosa respuesta al disco se han sumado presentaciones internacionales de expectación creciente.

Con o sin Grammy, Vengo ya no permite la marcha atrás, y marca a el 2014 como un año de avance para la canción popular chilena en general: así de inspiradora es su propuesta. “Crear es un acto que incomoda. / No voy a pedir permiso ni pedir la palabra”, advierte Tijoux en uno de sus nuevos temas. Probablemente esa incomodidad sea incompatible con la venia de la gran industria, pero no es para ésta que hoy trabaja la chilena. El premio mayor para Ana Tijoux es que, en un año de grandes discos chilenos (Fakuta, Fernando Milagros, Ases Falsos, Banda Conmoción, Juan Pablo Abalo, Leonino, entre otros), es el suyo el que se queda con la copa.