La frase se la escuchamos hace unas semanas a Nile Rodgers, el señero guitarrista del grupo Disco Chic, reubicado en el foco mundial gracias a su colaboración reciente con Daft Punk. Sería una sorpresa que sus palabras sorprendieran a alguien. Llevamos décadas sabiendo que lo que sale por los parlantes no es lo mismo que sonó en vivo al grabarse, y es probable que nuestros oídos se hayan vuelto ya intolerantes a la exposición prolongada a sonidos puros.

Ya nadie canta bien si no es con una ayudita de su perilla amiga, y están quienes ven en esa manipulación un signo de la inminente caída de la cultura occidental. Pero la intervención tecnológica de las voces también está dando pie a experimentos sonoros brillantes, diversos e imaginativos.

¿Qué sería de los citados Daft Punk, sin ir más lejos, de no ser por su adorado vocoder, el sintetizador de voz con el que en los años setenta se entretenían Kraftwerk y Giorgio Moroder para parecer robots, y que hoy ha regresado como un peculiar recurso de ironía pop? Manipular tecnológicamente el canto como si fuese otra pista instrumental ha levantado, también, el aplaudido nuevo disco de Kanye West Yeezus, y es imposible dar con singles recientes de pop que no recurran al auto-tune, el procesador que empareja desafinaciones y abrillanta timbres opacos (llevado hace unos años al extremo por ese estribillo de Believe que hacía parecer que Cher se había hecho una cirugía plástica además en las cuerdas vocales).

En Se caiga el cielo, el estupendo nuevo disco de Electrodomésticos, el registro lúgubre y extraño de Carlos Cabezas se fusiona a la exuberante enredadera de capas electrónicas, y a veces cuesta distinguir uno de la otra. Y en The visitor, el adherente tercer artefacto del nómade chileno Matías Aguayo, el canto se graba, desarma, superpone y vuelve a armarse como si fuese un instrumento de percusión, dispuesto antes al baile que al tarareo. Son manipulaciones evidentes pero bienvenidas, que dotan a la canción contemporánea de nuevos recursos con los que mantenerla fresca y propositiva. Mentiras. Bienvenidas y benditas mentiras.

>También puedes revisar el Blog de Rodrigo Astorga: “Hay Electrodomésticos para rato”