De organdí y con lazo. El vestido que Jenna usó para casarse con el millonario Henry Hager en el rancho familiar ahora es pieza de museo. Han pasado seis años desde que la más díscola de las hijas del Presidente Bush pareció sentar cabeza para siempre. Y para confirmarlo ante casi dos mil invitados que pertenecían a lo más rancio de la sociedad texana, siguió el ejemplo de al menos tres generaciones de mujeres de su clan: cubierta de pies a cabeza por un Oscar de la Renta a medida.

Era más que un amuleto: su madre, Laura, acompañó a su marido a la ceremonia de juramento presidencial con un vestido a la rodilla del diseñador dominicano. “Nunca olvido que el suelo del escenario era de un lindo azul cielo y mi traje blanco parecía agregar nieve alrededor”, recordó la ex primera dama hace algunos días cuando inauguró la muestra Oscar de la Renta: Cinco décadas de estilo en la Biblioteca y Museo Presidencial George W. Bush, en Dallas. En total sesenta diseños que además sintetizan el gusto de la mayoría de las primeras damas de Estados Unidos. Jackie Kennedy y las camisas floreadas, Betty Ford y los cuellos anudados, Hillary Clinton y el vestido verde-azulado que usó cuando asumió como senadora, y Nancy Reagan que adoraba sus faldones plisados en tafetán para las eternas fiestas que ofrecía en la Casa Blanca.

Wp-450-Oscar

“No importa que se trate de una primera dama, o de una mujer que camina tranquila por la calle. Oscar siempre sabrá cómo interpretarlas”, dijo una emocionada Laura ante una veintena de periodistas poco acostumbrados que ella enfrente a la prensa. Al rato, los invitados recorrieron una muestra donde se confirma que la inspiración de Oscar está sencillamente alrededor de un jardín. Aquel espacio que la sociedad americana ha convertido en bastión de poderío a puertas cerradas, con flores exóticas que vienen de todas partes, lustrosos parajes con alfombra de césped, cientos de especies de rosas y el cuidado permanente para que nunca se cierre el ciclo botánico. Ahí está el origen del sello De la Renta, que con el tiempo ha sumado estampería geométrica sobre blanco, mantillas y ruedos de torero en la alta costura, o su inmortal cuello en forma de ‘U’  con hombros caídos y rejilla de encaje.

Wp-450-oscar2

Proveniente de una familia poderosa de Santo Domingo, en República Dominicana, su padre era un agente de negocios que felicitó a su hijo cuando le dijo, a los 18 años, que quería dedicarse al arte moderno en Madrid. Se matriculó en la Escuela Real de Arte de San Fernando, pero a los pocos meses cambió las clases para ser asistente en el taller de Cristóbal Balenciaga: el modisto vasco que amenazó con eclipsar a Dior, Chanel y otras catedrales parisinas. El mismo que con su carácter dominante, meticuloso y, sobre todo, reservado marcó el espíritu de Oscar de la Renta para siempre. Luego pasó a Lanvin hasta que en 1963 aterrizó en NY, específicamente a los nuevos talleres de Elizabeth Arden. A los tres años, su nombre era más fuerte que cualquier otra marca y se lanzó por su cuenta. En el camino, dos matrimonios. Primero con Françoise de Langlade y después Anne France Engelhard, ambas mujeres curiosamente relacionadas con el mundo editorial. Pero su gran orgullo es su hijo Moisés, a quien adoptó en 1984 en República Dominicana. Fue en la misma época en que el diseñador inauguraba una fundación para proteger a niños en situación vulnerable de su país de origen y se encontró con esta guagua que apenas tenía 24 horas de vida. “Me enamoré de inmediato”, contó después. Ahora Moisés quiere ser diseñador y su padre es un ejemplo de trabajo. “No puedo parar, porque el que deja de hacer cosas, se oxida”, dijo cuando a los 81 años logró superar un cáncer.

Wp-450-Oscar3

En el fashion power es tratado con respeto: fue quien abrió las puertas a otros latinos como Carolina Herrera, Angel Sánchez y Narciso Rodríguez. Nadie podría contrariarlo y su voz tiene fuerza. Cuando en septiembre de 2011 John Galliano fue condenado por sus insultos racistas, problemas con el alcohol y finalmente destituido de la casa Dior, fue el único en la industria que no le dio la espalda. “Conozco su talento y le proporcionaré la oportunidad de volver a la moda, donde siempre ha sido tan creativo”. Esta vez el perdón no vino de París ni Londres, porque la tolerancia es americama y parece llevar el apellido De la Renta.