De los 10 colores de moda para el otoño invierno 2016 presentados por el Fashion Color Report de Pantone el rosé o rosa cuarzo es uno de los protagonistas. En esta sofisticada paleta que inspira tranquilidad, fuerza y optimismo, conviven tonos tierra con tonalidades vibrantes y llenas de energía. No es curioso que estos conceptos y emociones sirvan también a la hora de describir un vino rosé. Entonces, no existirá excusa este otoño para descorchar la moda.

El vino rosé cuya fama mundial se le debe a la Provenza, esa idílica apelación al sur Francia, ha ganado muchísimo terreno entre los amantes del vino, llegando incluso a desplazar el consumo de vinos blancos en ese país. Vinculado a las agradables terrazas europeas, los after office, el glamour y buen vivir, cada día tiene más adeptos por su frescura, juventud y frutosidad en extremo agradable. Estos atributos lo hacen merecedor de un nuevo protagonismo en la escena vitivinícola mundial.

El rosé no es como algunos creen una simple mezcla de tinos y blancos, sino muy por el contrario, su elaboración es compleja y sofisticada según el método de producción que se elija, ya sea por el sistema conocido como desangrado o bien cultivando un viñedo que se trabajará con ese propósito.

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Aunque las tardes de verano suelen ser el momento ideal para descorchar un rosé, no es necesario esperar a diciembre para gozar de sus aromas, frescura y sus notas frutales y florales. De cuerpo ligero pero con una estructura en boca un poco más robusta que los blancos habituales, lo hace ser muy versátil a la hora de armonizarlo con un rico aperitivo o plato. El rosé es la bebida perfecta para acompañar toda clase de comidas, desde unas refrescantes ensaladas con dados de atún y sésamo, un sándwich de salmón con palta, o hasta un plato de alta gastronomía. A la vista se presenta en múltiples tonalidades, palo de rosa, cereza, frambuesa, salmón, cobrizo y hasta en tonos “piel de cebolla”.

En Chile existen hoy excelentes exponentes y poco a poco va ganando adeptos sobre todo en el mundo femenino. Se recomienda tomar bien frío, aproximadamente entre 7 y 8 grados de temperatura pero nunca menos de los 6 grados. También encontramos en el mercado nacional algunos vinos espumantes rosé, que se deben tomar más fríos aún, entre 5 y 7 grados centígrados.

A estas excitantes botellas rosadas y al igual que a las guapas mujeres que vestirán la moda otoñal, es recomendable no hacerlas esperar, los vinos rosé se deben consumir jóvenes e idealmente en el año de su cosecha. Guardar un rosé es como guardar una flor, no aguantan mucho tiempo en el refrigerador después de abiertos. Y como tienen baja graduación alcohólica dos parejas bastarán para hacerle honor. Entonces lo mejor es no hacerse de rogar y a brindar con optimismo y alegría. ¿O no dicen ustedes?

¡Santé!

Pablo Ugarte es director ejecutivo del Catad’Or Santiago de Wine Awards, tiene un postgrado en el vino, en la Universidad Católica de Chile. Jurado Internacional en Sélections Mondiales des Vins Canada, Quebec 2015 y 2016 y Vinalies Internacional 2016, París.
Colaborador para varias revistas especializadas y editor invitado en vino para CARAS.
Músico profesional, miembro de la banda Upa!