Hay pequeños detalles que te llevan a pensar que has vivido mucho tiempo en un lugar. Como cuando comienzas a extrañar ciertas comidas o cuando las palabras más largas y extrañas te parecen “normales” (como “lektorbedømmelsesudvalgsnæstformand”) … o te enteras casualmente de que algo que has tenido por un tiempo que te parece “desde siempre” se ha transformado en todo un ícono en de la moda y para ti seguía siendo tan normal…Eso me pasó con mi mochila Kånken de Fjällräven.

Poco después de llegar a Dinamarca —hace poco menos de dos décadas— “heredé”  la mochila que el vikingo había usado en el colegio…  Y ahí estaba, todavía usable y, además, cómoda. Después vino la número 2 y con el tiempo las mini vikingas las han transformado en uno de esos escogidos ítems de propiedad extrañamente “colectiva”.

Hace unos días me enteré que este tipo de “zorro de montaña” (lo que significa “Fjällräven“) acaba de llegar a Chile y, mirando un poco, veo que el “zorro” no sólo ha llegado a conquistar las montañas de los Andes, sino también las cadenas que cruzan Europa y sin problema atravesaron el Atlántico.

Recordé además que, de vuelta del viaje a China, en febrero pasado, la vikinga pequeña también me contó que la icónica mochila era tremendamente popular en su versión original y en las muchas versiones “original copy” que vendían a un tercio del precio ¡y además negociable!

Puedo imaginar que todos los fans de esta mochila conocen la historia del sueco Åke Nordin que, acostumbrado a las caminatas por las montañas de su país y disconforme con los bolsos que existían en los ‘50, decidió hacerse una a su gusto. El resto es historia y hoy la firma que creó en los ‘60 produce desde sacos de dormir hasta ropa para la montaña.

¿Y cuál es la razón su éxito e inmortalidad? Lo primero que comprobé con mi Kånken es su comodidad; fácil de llevar en la espalda, así sea caminando o en la bicicleta o tomada de sus asas, simplemente funciona. Mi espalda no se resiente -y créanme que lo siento fuerte, claro y dolorosamente-, es liviana, se adapta bien cuando la llevo, hace bastante y se nota que fue creada junto a los scouts suecos.

Esto me lo contaron las mini vikingas scouts, para quienes la mochila es casi parte del uniforme de camisa verde y que han usado on/off en el colegio también. Esto les da una idea de lo “carreteadas” que están ya las mochilas, pero siguen impecables, es más, creo que les un mayor carácter y un estilismo único.

Pero ¡oh sorpresa! se ha convertido con los años en un complemento de moda y en un objeto de deseo. Quizá es su sencillez o la gran gama de colores que tienen -las mías son un poco “aburridas” ;) celeste y amarillo-, o tal vez ese estilo casi nostálgico y retro que la ha transformado en una tendencia, nivel “it”.

No fue hecha para enamorar al mundo fashion sino para servir, pero se ha ganado un lugar entre los íconos del diseño escandinavo y por eso es también que se la cuida con cariño. Sin embargo, siento que hay algo que no hay que olvidar: en el alma de Fjällräven está la naturaleza, la vida al aire libre, la aventura.

El viento de las montañas, un café después de una larga caminata de  fin de semana, sentados en medio de la nada mirando un paisaje único… Ese es el espíritu escandinavo sencillo, que disfruta el momento, amaneceres y atardeceres… y hasta una tormenta.

Porque así es la vida, sencilla -estoy segura de que somos nosotros los que la enredamos- pero está en nuestras manos darle el toque personal, apasionarnos, darle nuestro color y hasta ese sentido ligeramente “edgy”. Así que aquí vamos, esta vez con la amarilla y una sonrisa de comodidad… siempre y cuando las mini vikingas o el vikingo en persona no la tomaron ya.

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