Los ojos de Mila Jovovich, el pelo de Brooke Shields y los labios de Angelina Jolie. Así describe la prensa internacional a Thylane Blondeau —hija del jugador de fútbol Patrick Blondeau y la diseñadora de moda Veronika Loubry—, la modelo francesa que deslumbró en el recién pasado festival de Cannes.  

Mi primera alfombra roja es mañana, ya no puedo esperar, ¡estoy tan emocionada!”, había anunciado a través de Twitter tan solo un día antes de que su imagen se convirtiera en lo más comentado de la première de El buen amigo gigante.  

Su belleza excepcional ha sido el reactor de una trayectoria gestada hace más de una década, y que más tarde la haría protagonizar una serie de fotografías para la revista Vogue París. “¿No es demasiado sugerente?”, se cuestionaban los medios de comunicación y el mundo al ver a una pequeña niña de diez años, catalogada entonces como la más hermosa del planeta, jugando a ser mujer en el reportaje que le costó el puesto de editora a Carine Roitfeld.  

Interna-THY

Ahora, con 15 años recién cumplidos —y un debut actoral en la película Belle et Sébastien: l’aventure continue el año pasado—, sigue un camino que parece trazado para convertirla en la digna heredera de Brigitte Bardot: ambas comparten la nacionalidad francesa, una sensualidad natural que parece demasiado prematura y, según los medios, también la misma nariz.  

Y aunque Thylane no ha bailado eufórica y descalza sobre ninguna mesa  —como la escena de Et Dieu… créa la femme que catapultó a Bardot a la fama—, sí se ha convertido, igual que su antecesora, en un ícono sexy al transitar de las publicaciones infantiles de L’Officiel Enfants a la madurez de la revista Jalouse en un abrir y cerrar de ojos, siguiendo la herencia del bardotismo: el débil límite entre ser niña y mujer que transportó vertiginosamente su rostro de poupée más allá de los confines de Europa.