No entendían nada. Los anonadados parroquianos del Liguria no pudieron evitar fijar la vista en una menuda Sarah Jessica Parker vestida de gala subiendo al segundo piso del clásico bar capitalino. Fue lo más urbano que hizo en Santiago y, también, lo más cercano a su personaje de Carrie en esta ciudad. Fácilmente podría haber sido una escena para la serie que la norteamericana cerró hace más de una década, pero que dejó códigos reconocibles para la audiencia de ayer y hoy en todas partes del mundo: alta moda, noche, cita con amigas y locación taquillera. Y ese viernes —no en la iluminada Manhattan, sino que en el corazón de Providencia— la actriz replicó la misma fantasía para gusto de curiosos y fans de Sex and the City.   

De modo dulce pero firme, la artista —quien llegó por poco más de un día como figura estelar de la nueva campaña de Ripley— dejó claro desde un inicio que a esta altura de su vida y carrera la línea que la separa de ese rol televisivo ya es bastante ancha. Pero el público se resiste a dejar atrás las aventuras de Carrie. No sólo en este fin de mundo, también en fronteras lejanas o más cercanas, como en Perú, donde desató la locura.

Es el ‘efecto Parker’, que vivimos de cerca en este fugaz periplo sudamericano de la ganadora del Globo de Oro.

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Con acceso especial a los pasos de la actriz en Santiago y Lima, seguimos el ritmo de este ‘trote andino’. Nos transformamos en testigos de una locura más propia de estrellas del pop adolescente, que de una actriz, madre de tres niños, que no se preocupa del maquillaje y que ya cruzó la mitad del siglo de vida.

Con Chile SJP marcó su debut en Sudamérica con vista al Pacífico. Sus visitas a centros de esquí quedaron pendientes, no su degustación de vinos chilenos. Para su llegada a Perú, ya tenía abierto el espíritu de aventura. Si bien en nuestra capital siempre estuvo en control, en la ciudad del Rímac mostró que no existía el miedo.

A las 7:30, cuando en el aeropuerto de Pudahuel recién daban por “confirmado” el vuelo que la traía de Nueva York, en el hotel Noi ya cerraban el octavo piso para la actriz y su ‘Glam Squad’, como ella bautizó a los profesionales —y amigos— que la acompañaban hasta Santiago: su agente Peter Hess, la maquilladora Leslie López (que revisó cada foto oficial de la artista), el peluquero Serge Normant (también regalón de Julia Roberts) y la estilista Erin Walsh (responsable de los looks de Kerry Washington, estrella de Scandal). Todos tenían el mismo nivel de alojamiento que la invitada de honor.

Desde su habitación, la 804, mostró al mundo sus primeras postales de Santiago en Instagram tras un par de clicks de su Blackberry (al igual que su personaje de TV, la tecnología no es su mayor adicción).

Antes, estuvimos en esa pieza y confirmamos que las sencillas peticiones que realizó desde Estados Unidos eran reales: sólo una silla alta para maquillaje, toallas, agua y un espejo de cuerpo entero.    

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Flanqueada por guardias de seguridad (aunque por Nueva Costanera no figuraba casi nadie en las veredas), la 4×4 oscura que la recogió en el aeropuerto entró al estacionamiento del hotel para que no cruzara de la vereda al lobby. El piso ocho fue su zona segura. La cordillera estaba en su máximo esplendor luego de que el día anterior lloviera, pero no se asomó a la famosa terraza con vista en 360 grados del Noi.

Un panorama distinto al de Lima, donde se animó a salir de su cama a primera hora del domingo, pese a tener a fans rondando a las afueras del hotel Belmond Miraflores Park Plaza y otros gritando su nombre.

El cielo gris de la capital peruana no bajó su ánimo para un paseo de sombrero y en compañía de su glamorosa ‘pandilla’.

Partió la excursión en el Mercado Indio del barrio Miraflores. Y nuevamente Instagram era su ventana de comunicación: con una avalancha de fotos de artesanías.

Así como en Santiago revivió a Carrie en el Liguria, en Perú tuvo su coqueteo con el personaje fashionista entre coloridos pompones de lana alpaca en la feria indígena y un almuerzo en el restorán El Mercado del chef Rafael Osterling. Su última escapada antes de la ronda de entrevistas al otro día en ese país.

En Santiago esa misma actividad la realizó a pocas horas de su arribo. Y su preparación también tuvo sello gastronómico local: desayuno de salmón chileno, tomates orgánicos, alcaparras, huevos y un yogur de marca nacional. Su primera inyección de energía, poco para un ajetreado día de traslados por la avenida Kennedy entre mall y mall

Sí, su primera parada fue en el Alto Las Condes para cortar cinta en la reapertura de Ripley. El segundo nivel de ese local —al que sólo se accedía con credencial— fue su centro de encuentro con los medios. En los pasillos el griterío con su nombre ya era constante desde horas antes. 

Todavía no aparecía y en la zona de las entrevistas exclusivas, a un costado del área de la conferencia de prensa, Jean Philippe Cretton estudiaba sus preguntas. Concentradísimo. Afuera, Diana Bolocco se preparaba como anfitriona y Javiera Díaz de Valdés la esperaba sentada en primera fila. Después, las dos chilenas tendrían sus cinco minutos de fotos con ella.

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La ola frenética no permitía más tiempo. Flashes y preguntas recurrentes sobre su vida como Carrie se tomaron los 20 minutos en que saludó y conversó de manera conjunta con programas de TV, blogueros y prensa. Un enjambre que ella misma ordenó a su pinta. Hoy ella es la que lidera. Obvio: es una exitosa mujer adulta y de familia, no la torpe treintañera en busca del amor con la que conquistó en pantalla.

Tanto en Chile como en Perú quiso distanciarse de SatC cada vez que tomó el micrófono, también evitó dar consejos de moda. Sólo en Lima dijo, a modo de broma, que “la única prenda imprescindible en una mujer es la ropa interior”. 

Al finalizar la pauta de conferencia en el mall de la calle Padre Hurtado, se despidió y lanzó besos. Rápida fue a retocarse para los breves ‘uno a uno’ en un set que le armaron en la tienda. 

“Sólo quiero dejar constancia que es bueno poner luz en esta área. Este momento no tiene que ser una locura. ¡Así, sí!”, sonríe después de que reubican un foco sobre nosotras y antes de partir la entrevista. Parker está atenta a todo. Da instrucciones con voz suave, pero precisas. Mientras, de reojo, chequea mi reacción ante sus sugerencias.

Antes de empezar las preguntas le comento como anécdota que ese mismo día 2 de octubre, pero en 1928, Mae West fue arrestada luego de que un tribunal la considerara inmoral por su lenguaje en la obra Pleasure Man.

“¡No es increíble!”, dice Parker abriendo sus ojos. “Hemos avanzado una buena distancia desde situaciones como esa”, agrega.

West hizo historia por poner la sexualidad femenina en la pantalla.

—Tu serie también empujó un cambio para el género femenino. ¿Es distinto el panorama para las mujeres de hoy desde una Mae West a tu personaje en Sex and the City?

—Bueno… Han existido otras entre Mae West y yo… (sonríe). En ese grupo puedes incluir a personas como Carol Burnett, Mary Tyler Moore, Lucille Ball. Artistas que tomaron decisiones atrevidas, desde un estilo de hacer comedia a las historias que entregaron en el teatro, cine y televisión. Todo aquello ha empujado al cambio. O sea, Elvis Presley fue objetado (por la censura de su época). En ese contexto, una pregunta interesante para hacernos sería: ¿Tenemos nostalgia del pasado? Dado el lugar en el que nos encontramos. ¿Aquello era tan vulgar en comparación a lo que vemos hoy? 

—Una cosa es ser atrevidos y otra vulgares.

—¡Sí! Estoy de acuerdo. Creo que hay una maravillosa línea límite que debe ser respetada. Pero la belleza de vivir en una democracia y tener una Constitución es que siempre la libertad de expresión tiene que importar, ya sea para ser objetada o no. 

—¿Qué sientes con tu regreso a la TV en la serie Divorce?

—Estoy emocionada. Hace bastante tiempo que vengo trabajando en la idea del show (cuatro años lleva delineando el proyecto con su productora) y me encanta de que en HBO estén tan entusiasmados con la iniciativa. Me dijeron: “¿No quieres volver a ‘casa’? Ya es tiempo”. Eso me llegó muchísimo. Además, es un programa donde tengo la oportunidad de trabajar con gente fantástica.

Al igual que Sex and the City, esta producción estará ambientada en Nueva York. Ahora dará vida a Frances, quien al enfrentar una ruptura matrimonial mira de manera diferente las relaciones y su propia vida. Un quiebre que no resulta para nada fácil. La pluma detrás de la serie es la irlandesa Sharon Horgan. Y Sarah Jessica Parker compartirá pantalla con actores reconocidos en la comedia: Thomas Hayden Church (Entre copas), Molly Shannon (SNL) y Talia Balsam (Mad Men). El capítulo piloto tuvo como director a Jesse Peretz (aplaudido por su trabajo en la atrevida Girls y memorables episodios para otras comedias audaces en su temática femenina: Nurse Jackie y Orange is the New Black) y la cadena tiene programado su estreno para el próximo año. “Empezamos a grabar en cuatro semanas”, adelantó la protagonista.

“Nuevamente me siento privilegiada en ser parte de algo que es especial para mí. Y es con HBO”.

—¿Qué quieres que se discuta en torno al divorcio?

—Es algo que está presente en los matrimonios. Y, según tengo antecedentes, en tiempos modernos no ha estado ilustrado en TV de una manera que yo lo sienta real. Tampoco en el cine.

—¿Qué quiere relatar la guionista a través de Frances?

—Que los matrimonios son complicados. A veces la lucha interna es divertida y, en otras ocasiones, dolorosa. Además, cuando tienes hijos y quieres mantenerte ‘decente’ con el otro es bastante difícil. Lo mismo cuando eres una mujer que trabaja y tienes que preocuparte del dinero, los niños, entre tantos otros factores. 

Una pista del tono en esta comedia la entregó la propia Sharon Horgan, quien definió la serie como una “anatomía del divorcio”. Y hasta habló de una película de culto como referente: La Guerra de los Roses.

—¿El público se sentirá ‘tocado’?

—No tengo idea. Al momento de producir evito pensar en que la gente reaccione de cierta manera. No me gusta estar orientada hacia el resultado de las cosas. Sí me agrada sumarme a algo que creo es interesante. ¿Cómo te llegues a sentir como televidente…? Eso está más allá de mi control. Deseo aprovechar la oportunidad que HBO nos da. Nuestro motor es entregar una propuesta, relatar algo de manera distinta y ojalá obtener una respuesta. 

Este sería su regreso a la TV en lo que es ficción. Pero la hemos visto detrás de proyectos en ese medio después de Sex and the City. Uno fue el docureality Work of Art, que buscaba a la nueva estrella de la plástica. Un par de noches antes de aterrizar en Chile fue la madrina en una gala del Ballet de Nueva York que mezclaba danza y moda. 

—En los últimos años has tenido gran protagonismo en la difusión de las artes. ¿Nos cuentas de esa inquietud?

—Es algo que me importa desde hace años. Toda mi vida, diría. Crecí alrededor de las artes, como parte de lo que era mi familia. De niña, antes de pensar en elegir una carrera, era una estudiante de ballet. Por eso siempre he puesto atención en el tema y le dedico tiempo y apoyo.

—¿Hacia dónde se dirige tu vida como artista y mujer de negocios?

—No tengo idea. Me dejo llevar por la vida misma. Mientras sigan apareciendo las oportunidades, las tomaré. Seré dedicada, trabajaré duro y tendré la disciplina de siempre. Espero poder dedicarles tiempo y ser exitosa, o lo que signifique esa palabra.

A minutos de decir esa última frase, su Glam Squad inicia los preparativos del look para la fiesta de Ripley en su honor (tuvo otra en Lima). Nuevamente, el tráfico de Kennedy la espera rumbo al Parque Arauco. Había una alfombra negra que se aspiraba a cada segundo para recibirla, con Diana Bolocco en el mismo tono para su reencuentro. En la radio Verónica Calabi preparaba el ambiente, figuras sociales cruzaban el mismo camino hacia la terraza del sexto piso donde un cóctel, iluminación y música recreaban un roof de Manhattan.

Todo muy manejable hasta su aparición (los últimos detalles de look los vio en las oficinas de sus anfitriones). Nuevamente los gritos. Los blogueros de moda, diseñadores, figuras televisivas, nombres de sociedad se pusieron en alerta. La compostura que acompañaba las tenidas y peinados se esfumó. El lounge CARAS a un costado del escenario, con su última portada en Nueva York para la revista fue invadido. Arriba del estrado, Renata Ruiz la recibía y pedía calma a los 400 invitados. La coordinadora de producción pedía la presencia de la plana ejecutiva. Y, al igual que un concierto, la locación se iluminó de celulares. Ella posó para unos pocos afortunados y se retiró.

Las invitadas estaban ‘en llamas’ con su ídola. Les costó volver a un ritmo cardiaco normal. A los hombres los abrumaba la curiosidad. “Se pasó lo flaca y bajita. Pero es regia”, decían.

Antes de que Nicole subiera a cantar, Sarah Jessica volvía a tomar la Kennedy, ahora hacia el poniente. Quería su viernes de bar y en un contexto ‘normal’. Se sumó a un salón donde ya había más comensales y pidió la carta. Pronto llegaron el pisco, las machas a la parmesana y el vino. Lo suficiente para ir a la cama y volver al otro día a las cámaras —esta vez, publicitarias— en Huechuraba. Nuevamente a arreglarse, ser una más de un staff de profesionales (al igual que en teatro, cine o TV), comer con ellos en el casino y terminar el trabajo.

Cierre tranquilo a horas de la fiesta en su honor y de que incluso Canal 13 cortara sus transmisiones —con la misma urgencia como si fuera el veredicto de La Haya— para mostrarla desfilando por una alfombra negra, que un equipo de productores hiciera un comercial en tiempo récord y las fans gritaran como colegialas “¡Sarah! ¡Sarah! ¡Sarah! ¡Sarah!”. Nombre que volvían a cantarle con devoción en Lima.

Pese a su modesta declaración con CARAS, sin duda, Sarah Jessica hace rato tiene su particular secreto del éxito.