Por primera vez escuché ladridos de perros policiales al tiempo que las modelos desfilaban al ritmo de la música. Y mi bolso fue escaneado y revisado por los detectores de metales. Son las estrictas medidas de seguridad que acompañaron la cita anual de la moda con el recuerdo de la masacre del Bataclán aún fresco.

Estoy en París, y aunque todo parece fluir como siempre, se siente en el aire la repercusión que todavía provocan los sangrientos atentados del año pasado. Este año las autoridades, naturalmente, decidieron reforzar las medidas de seguridad y rápidamente la policía, la Federación Francesa de la Costura y las grandes casas de moda emitieron recomendaciones y aumentaron las acciones que permitían minimizar la posibilidad de que nuevos atentados volvieran a estremecer no solo a París sino al mundo entero.

Y en estos días de corresponsal de CARAS en la semana de la moda que se celebra anualmente en la capital francesa comprobé como nunca llegar antes a los desfiles es un “must”. Con estrictos controles —que sus responsables realizan siempre con una sonrisa y de una manera muy eficiente— hay que armarse de tiempo y, sobre todo, de paciencia.
Esta vez me pidieron no solo la invitación a las pasarelas sino además una tarjeta de identidad con mi fotografía. Mi bolso fue escaneado y revisado y los detectores de metales están en todos los desfiles. También se podían ver a más policías y militares caminando en las zonas donde se concentran curiosos y fotógrafos.

Garantizar la seguridad en una semana donde invitados con poder económico, influencias políticas, miembros de las casas reales y personajes de alto impacto público en el mundo oriental y occidental se reúnen para disfrutar de las creaciones de las más finas casas de moda, es ahora una necesidad más evidente. Pero se ve que la idea es también no inquietar a los invitados ni a la prensa. Son medidas visibles unas y no tanto otras. Y por primera vez ladridos se escuchaban tras la música a cuyo ritmo se desplazaban las modelos; perros entrenados para detectar potenciales amenazas.

Como en todo tipo de eventos de este tipo, muy pronto las leyendas urbanas se propagan también. Conversando con otros periodistas extranjeros de pronto se empiezan a escuchar las historias de las casas de modas que tienen jefes o miembros de sus equipos de seguridad a ex miembros de fuerzas especiales israelíes, soviéticos, británicos o franceses.

En fin, a pesar de la tensión normal de una ciudad que ha estado en estado de emergencia desde noviembre último, el mundo de la moda hace exitosamente su mejor esfuerzo para asegurar una experiencia todavía mágica y de sueños.

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