Han pasado veinte años desde que Karl Lagerfeld tuvo que despedir a su antiguo guardaespaldas por un escándalo de drogas que llegó hasta la justicia. Fue un momento duro que al diseñador, sin embargo, le sirvió como una lección para escoger con lupa a su equipo directo. Eran los años 90 y en medio de la incertidumbre apareció Sebastien Jondeau: un joven boxeador, adicto al motocross y a los deportes extremos que, contra todo pronóstico, encandiló al modisto con sus buenas maneras y su estilo de garçon parisino. Moderno y audaz. 

Ahora Sebastien parece ser el niño mimado en la corte de Lagerfeld, el mismo que llega hasta los talleres de la casa de moda en una bicicleta colette para desarrollar su jornada laboral. No solo está a cargo de la seguridad de Lagerfeld, sino que además tiene otras responsabilidades. Como asistente personal se encarga de la compra de los regalos y, cada vez que se lo pide el Káiser, enfrenta la pasarela y las cámaras fotográficas como modelo.

Chanel Metiers d'Art Collection 2014/15 Paris-Salzburg

Amigos también son. Parten juntos de veraneo, se van de fiesta y llegan a las soirées más importantes de París, Londres o Berlín como si fueran una nueva versión de Bonnie & Clyde, un pareja que, desde sus diferencias, se ven como el uno para el otro. La fuerza y virilidad de Sebastien frente a la delicadeza y el ojo agudo de Karl, aparece como una conjugación perfecta de caracteres. Dicen que todas las noches son formidables en París, pero si te encuentras con ellos es otra cosa. Sin duda será una noche inolvidable en la Ciudad Luz.

La amistad también se ha convertido en una buen campo para los negocios. Jondeau acaba de lanzar una colección de trajes, zapatos y accesorios que está inspirado en su propio guardarropas. Fue el mismo Lagerfeld quien le dio las alas para que se atreviera con algo que nunca imaginó. “Debo ser honesto, esta línea también está pensada en la exquisita vida junto a Karl”, dice ahora el hombre que encabeza las mejores listas de invitados de Europa, lejos de influencers o cosas parecidas.

Nacido en las afueras de la capital francesa, trabajó en sus primeros años en una empresa familiar que se dedicaba a la tarea de transportar piezas de arte del siglo XVIII. Fue así como conoció a Lagerfeld, en plena faena de mudanza. Esa mezcla de rudeza y al mismo tiempo de sofisticación encantó al diseñador. No como pareja, como se ha insinuado más de alguna vez. Sino porque ese joven encarnaba el espíritu de un nuevo hombre francés, ese que tiene novia, incluso hijos, pero que nunca dejaría de lado a su mejor amigo gay. Siempre discreto con su vida personal, solo se le conoce una relación con Jenna Courtin, heredera de la firma cosmética Clarins.

Un estereotipo varonil que el diseñador buscaba sin mucha suerte en los portafolios de las agencias de modelo a la hora de contratar nuevos rostros para sus perfumes y colecciones. “Aproveché esta oportunidad e hice lo mejor. Yo diría que Karl es mi jefe, mi amigo y mi padre. Me ha ayudado a crecer, a ser mejor persona”, dice Sebastien al borde de la emoción. Y prosigue: “He tenido acceso a cultura, a un nuevo nivel social, he aprendido a hablar con gente sobre asuntos muy diferentes. Mi colección es eso: ropa para gente como yo, que ha vivido en los suburbios y que ha cambiado su vida, una demostración que uno siempre puede hacer grandes cosas”, contesta mientras a pocos pasos Lagerfeld escucha orgulloso. Y se abanica.