Cada vez que la abuela del vikingo y yo nos encontramos, veo en sus dulces ojos la misma mirada de mi octogenaria madre cuando me bajo del avión luciendo mis queridos y muy regalones jeans gastados y rotos. Sus ojos la delatan… en versión corta y clara: ¡les cargan, los detestan, horror de horrores! Les parece raro que además pague para comprar algo así.

También conocidos como ripped, frayed o ragged, con los años me he convencido de que la gracia al elegir qué tener en tu closet y darle un toque variado, es tener ese tipo de “básicos” de buena calidad que puedes combinar y actualizar con alguna prenda de moda o con accesorios que le dan un aire siempre distinto. El resto es actitud.

Cada vez me convenzo de que hay pocas reglas y que, además, cambian rapidísimo, a la velocidad vertiginosa de las colecciones de las grandes casas de mida. Lo positivo de esto es que como nunca hay espacio para un sinnúmero de tendencias, todas en paralelos y mezclándose en eclécticos resultados a veces exitosos y otras, no tanto. Pero ya se ha dicho, sobre gustos no hay nada escrito.

Estoy segura de que el alemán Levi Strauss jamás imaginó el éxito y la influencia que tendrían en la moda sus pantalones remachados, tan prácticos para el trabajo en las minas estadounidenses. Hoy son parte fundamental de los closets del mundo y esta nueva variación, rota y gastada, se ha transformado en una pieza de lo más versátil y fácil de usar.

Las mini-vikingas los usan con agujeros grandes; yo, en una versión más discreta que cuando la combino con una blusa, un blazer, perlas y tacones se transforma en un look clásico con un twist para ir a la oficina o a cubrir alguno de los temas en que trabajo como corresponsal. Con mocasines Oxford o botas militares, una chaqueta de cuero y accesorios que le den el toque final, el look es relajado y con un aire rebelde (o edgy, como le llaman también). Y ni qué decir que son también una alternativa para la noche, con la blusa o el top apropiado, esos tacones de vértigo y un sobre o clutch estiloso.

De más está decir que esa versatilidad es lo que me seduce y encanta, lo fáciles que son de llevar y variar. Su gracia y su magia están en transformar tu estilo de casual a chic; de sobrio a sexy-sofisticado, de dulce a provocador, y el desafío está en encontrar el equilibrio.

A quienes mi estilo les parece poco apropiado y no pueden evitar preguntarme irónicamente cada vez “¿se te rompieron los pantalones?”, les digo que mientras me siga sintiendo bien, feliz y cómoda conmigo misma, los seguiré usando… claro que en invierno con 5 grados bajo 0, probablemente prefiera la versión no-gastada ;o)

Y cuando ya entramos al mes de la Patria en Chile, me preparo para celebrarlo también aquí y contarles cómo vivimos la chilenidad en casa.

¡Hasta la próxima!

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