Yves Saint Laurent y Catherine Denueve tuvieron una amistad de más de 40 años que dio como fruto cientos de diseños que la actriz lució alrededor del mundo, en la pantalla o fuera de ella, y que hoy ha decidido rematar movilizando a fanáticos de la actriz, coleccionistas y jóvenes fashionistas.

Catherine Deneuve se queja de que a su nieta le dicen en el colegio que su abuela no tiene dinero y que por eso decidió vender su armario Yves Saint Laurent compuesto de más de 350 piezas entre vestidos y trajes de la talla 38 a la 42; además de zapatos y accesorios.

En la casa de subastas Christie’s, encargada del remate de las prendas, la martillera Camille de Foresta prefiere explicar que la actriz “decidió vender su casa de Normandía y no estaba segura de poder conservar los vestidos en las buenas condiciones en que estaban hasta ese momento”.

Foresta aclara que fue ella quien visitó la propiedad de Deneuve y “efectivamente los diseños estaban en un espacio grande y sublime en una buhardilla y tuve una visión muy onírica entre cortinas blancas que se extendían casi al infinito”. Aún así la actriz guardó algunas cosas que redescubrió al ver las fotos que prestó para la exposición de las piezas y otras las conservó por razones más sentimentales. Deneuve, acostumbrada a la discreción hacia los medios, envió igualmente una suerte de explicación a través de Christie’s: “No sin melancolía me separo de estas prendas. Son las creaciones de un hombre tan talentoso que solo concebía para hacer más bellas a las mujeres”.

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“Mi más bella historia de amor”

Lo cierto es que la venta ha revivido en la memoria de los franceses 40 años de amistad entre el modisto y la actriz, quienes se conocieron en 1965, un año antes del rodaje de Belle de Jour de Luis Buñuel que la haría célebre. Ella estaba casada son el fotógrafo británico David Bailey, y buscaba que Saint Laurent la vistiera para su presentación frente a la reina de Inglaterra. De allí la evolución de este casi amor platónico, es parte de la historia popular gala: Deneuve se volvió la musa –de hecho la vistió en varios de sus filmes– y el “amuleto de la suerte” de Saint Laurent, él mismo la bautizó así. Y fue también un apoyo para el extremadamente tímido creador y una fiel amiga presente en primera fila en cada uno de sus shows incluido el del año 2002 en el Centre Pompidou que marcó el retiro del diseñador. Durante ese evento ella confesó frente a los presentes “usted es mi más bella historia de amor”.

Según Olivier Chatênet, antiguo miembro de la Maison YSL y uno de los comisarios de la exposición que acompañó la subasta, en el armario de Deneuve se ven claramente 40 años de la evolución estética del modisto: “Ella lo conoció en 1965 y estuvo con él hasta que se retira en el 2002. La mayoría de los diseños que vemos en esta venta son de los años 80 y 90. Y notamos que desde esa época el estilo YSL se define mucho alrededor de los trajes, de falda o pantalón, la chaqueta estructurada es el lenguaje de base de  YSL. Y Deneuve representa exactamente la mujer que YSL quería definir con sus creaciones: una mujer activa en el día que necesita una ropa funcional y práctica compuesta por un pantalón, un trench, etc, pero que de noche quiere seducir. Por eso hay una serie de vestidos de fiesta en complemento a las vestimentas de día, porque él entendió que desde los 80 la mujer necesita ambos tipos de ropa”.

Entre las piezas vendidas y en el centro de la exposición una prenda fetiche de la marca, un traje negro en lana “grain de poudre” hecho especialmente para ella para festejar los 20 años de la maison celebrados en el Lido, una fiesta a la que el modisto llegaría como siempre del brazo de la diva.

Entre las mejor vendidas –a 34 mil euros–  el vestido de perlas y cristales malva que usó en 1969 en un encuentro con el director Alfred Hitchcock. Ambos querían trabajar juntos, pero el proyecto no llegó a concretarse. En otra sala, una serie de vestidos de noche, entre ellos uno color oro que la actriz utilizó para los Oscar 2000 cuando competía con la película Este-Oeste de Régis Wargnier.  Más allá, el negro sirena en organza bordada de Jais y tul negro que usó ese mismo año en el Festival de Cannes al presentar Dancer in the Dark de Lars Von Trier junto a Bjôrk: “Esta sala es como un final de desfile y aquí vemos que Catherine Deneuve elegía no solo pieles, cuero, oro, encajes y brillos, sino también bonitos vestidos de sirena, cosas más sofisticadas, paletós”, analiza Dominique Deroche, durante años responsable de comunicación de la Casa Yves Saint Laurent.

Llama la atención una sala donde el rosa es el color predominante, se le puede apreciar en chaquetas, trajes, vestidos, impermeables y hasta en un par de zapatos. Dominique Deroche explica que “buscamos representar París, por el rosa París, un color muy YSL. La caja del perfume La parisiene de la marca es de aquel delicado tono. Y buscamos con Olivier hacer un cara a cara, por un lado los vestidos de noche de la estrella y por el otro, el día, con el rosa cotidiano, que es un color que alegra la cara en París, una ciudad tan gris. Si usted mira bien, no hay ningún rosado que sea igual al otro”.

En contraste, en otra sala hay una mezcla de vestidos túnica hechos de una pieza en color rosa, morado, verde y amarillo. Dominique Deroche explica que el modisto descubrió el color en Marrakech en 1966. Y empezó a poner toques de colores increíbles a sus creaciones. “Lo que usted ve son piezas monocromáticas pero él era capaz de mezclar rosa y rojo, violeta y rojo, azul y verde, combinaciones muy osadas. Acá quisimos mostrar los fuegos de artificio de los colores YSL y las materias que él usaba como el tafetán, la muselina o la muselina rizada”.

Para finalizar Dominique nos lleva a un rincón donde se acumulan “las creaciones de colores crudos, las tonalidades del desierto y la tierra, matices de café que el creador descubría cuando se paseaba por Marruecos”. En él,  muestra la primera parca de noche que YSL le diseñó a la actriz en color marrón y una falda de tafetán combinada con una blusa y un chal de muselina de seda india de 1977-1978 de espíritu ruso, un conjunto que días más tarde sería el mejor vendido a 52.500 euros en la subasta.