Los blogs de moda han invadido las ciudades. Levantas una piedra y aparece un hipster con una cámara de fotos. Si seguimos a este ritmo, para 2020 en Santiago tendremos más fashion bloggers que farmacias, y eso es demasiado.

Algunos de ellos transpiran talento. Otros, grasa. Hay quienes escriben como los dioses, pero también quienes lo hacen tan mal que dan ganas de pedirle perdón al computador. Cómo se visten, también dice mucho. Es cuestión de ir a cualquier evento it para darse cuenta. Usan todo lo que está de moda ¡pero todo junto! Animal print, tachas, cuero, transparencias, encaje, anteojos ópticos, creepers, estampados con buhos, alas y pájaros. Por lo general, no se dan cuenta de que la línea que divide lo cool de lo ridículo es muy delgada. Más que delgada, anoréxica.

Como en todos los rubros, aquí también la profesionalización marca la diferencia. Algo que los norteamericanos tienen clarísimo. Para ellos, hablar de farándula, cine porno o política requiere el mismo nivel de seriedad. ¿Por qué en moda debería ser distinto? Es fácil tener un sitio. Se puede hacer sin invertir un peso. Lo difícil es aportar contenido de calidad y un punto de vista inteligente. Cualquiera puede ir a un lanzamiento, recibir un ‘paquetito’ y luego adular al producto que viene adentro a través de las redes sociales. Creer que eso es suficiente o, peor aún, creer que eso tiene ‘algo’ que ver con el periodismo… Es más grave que shalabota con media de red.

Si no se suscriben a revistas internacionales, si jamás han sentido la suavidad de la lana sobre la piel, si no tienen idea quién es Robin Givhan y piensan que el suéter de poliéster es abrigado, van por mal camino. Cuando la revista Harper´s Bazaar lanzó su edición en Argentina, antes de llegar al quiosco presentó el primer número a un grupo de blogueras locales. El encuentro no sólo fue enriquecedor, sino que para algunos marcó un quiebre positivo en la relación entre fashionreporters y fashionbloggers (todo lo que tenga que ver con moda suena mejor en inglés).

Desde CARAS también celebramos a esta nueva generación de comunicadores. Chile está lleno de gente talentosa que se toma las cosas en serio. Diseñadores independientes que desde talleres inhóspitos intentan hacerse un lugar por fuera del retail, y cazadores de tendencias que no tienen nada que envidiarle a Scott Schuman (el referente de esta camada desde su sitio The Sartorialist). Hay espacio para nuevas voces. Pero por respeto a los que tenemos kilometraje en el rubro, háganlo con criterio. No está bien trabajar para una marca y después escribir sobre ella, a menos que aclaren la relación. Y por favor, no se vendan por un par de gift cards. Se nota. Y no es ético ni estético.