Intentaron blindar su visita a Chile con misterio. Los productores y organizadores creían tener los detalles de su llegada en secreto… Hasta que ella misma desarticuló todo el plan, pasando por alto el control de seguridad y el enigma de la hora en la que arribaría a nuestro país. “Bye Paraguay, next stop: Chile”, escribió a sus 15 millones de seguidores en redes sociales poco antes de aterrizar. Es que Paris Hilton se debe a sus fans y se preocupa personalmente de mantener activo su Instagram y Twitter. Era su primera vez en esta zona de América Latina, visita express que no superó las 72 horas, un día en Paraguay —donde presentó su show como DJ en la discotheque Broadway de Asunción— y dos días en Chile donde fue anfitriona de la gala de la Fundación Make A Wish y prendió la fiesta de la discotheque Suka de Sun Monticello.

Es tanta la información que comparte en sus redes sociales que para el público existe una inusual sensación de cercanía con esta celebridad. Sus registros muestran desde situaciones cotidianas hasta su bitácora de viajes como el momento en que tomó el vuelo a Sudamérica desde Suiza, donde vive con su actual novio, el empresario multimillonario Thomas Gross.

A las 15:30 de la tarde del viernes 20 de noviembre una foto en Instagram confirmaba que la bisnieta del magnate Conrad Hilton, dueño de la billonaria cadena de hoteles Hilton, había pisado por primera vez suelo chileno. No hubo señal de ella hasta después de 70 minutos. “Paris, Paris, Paris”, gritaba la prensa y sus fans al ver su alargada silueta de 1.73 metro tras un ventanal. No había esperanza de respuesta. Sin embargo, ella hizo otra jugada inesperada: dejó de lado el protocolo —y a sus guardaespaldas— para saludar a todo aquel que le hablara mientras bajaba las escaleras que la conducían al Bentley modelo Mulsanne que la llevaría esa tarde a Sun Monticello. “¿Alguien más quiere una selfie?”, ofrecía con entusiasmo la rubia Paris en el aeropuerto.

Conoce los códigos sociales a la perfección. No deja de sonreír y de saludar, tiene un trato cercano con la gente porque desde niña creció en un ambiente de mucha actividad social entre el Waldorf Astoria de Manhattan, Los Hamptons y Beverly Hills. Sabe cómo moverse y destacar entre quienes la rodean: estrecha la mano a todo aquel que se le acerca y escucha con atención. El mundo de las fiestas y la vida nocturna es lo suyo y lo vivió con excesos en compañía de su amiga Lindsay Lohan, ambiente del que sus padres intentaron alejarla, rogándole que siguiera sus estudios universitarios, en lugar de dedicarse al modelaje en la agencia de Donald Trump o a cobrar por ir a ‘animar’ fiestas por todo el mundo. Estos años de locura terminaron por exponer su vida privada con visitas a tribunales y hasta la filtración de un video porno con un ex novio. Historia que hoy se repite con su hermano pequeño, Conrad III, quien fue descubierto fumando marihuana en un avión a principios de este año.

Radiante, con un vestido clásico de la casa italiana Amen y a sólo cuatro horas de su llegada al país, su delgada figura apareció puntual en la alfombra roja de Sun Monticello, donde un equipo de 15 guardias monitoreaba cada uno de sus pasos. Ella, haciendo evidencia de su oficio como celebridad, saludaba y respondía a la prensa, siempre junto a su compañera de travesías, Jennifer Rovero, quien también es su manager, fotógrafa y mejor amiga desde la infancia.

Con micrófono en mano y apropiada del escenario, hizo su propia donación de diez mil dólares en un evento que prácticamente tuvo transmisión en vivo con las cientos de selfies que se subieron a las redes sociales. Cecilia y Diana Bolocco, Jordi Castell, Raquel Argandoña y Javiera Díaz de Valdés entre otros, no ocultaron su sorpresa al ver el expertise de Paris en el arte de la ‘auto foto’: con una carcasa con luz soft led desde su propio dispositivo móvil, iluminaba parte de su rostro para mejorar la calidad de la fotografía. “¿No es el mejor invento para cuando uno está de fiesta?”, preguntaba la rubia.

Al día siguiente y sin salir de su pieza durante todo el sábado —donde trabajó tomando fotos de sus productos— su aparición para la entrevista con CARAS vuelve a conmocionar al público de Sun Monticello. Más glamorosa que la noche anterior, Paris sorprende con un vestido dorado con detalles metálicos de acero inoxidable que pesaban nueve kilogramos. “Muchas gracias, es de Claudio Mansilla”, decía en spanglish antes de que se lo preguntaran directamente.

Quedó fascinada con los modelos del diseñador nacional —incluso lo declaró en sus redes sociales donde contaba que lo había conocido durante la gala de Make A Wish— en la que también piropeó el vestido de Diana Bolocco, de Octavio Pizarro.

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“Sorry for being late, honey” (Disculpa la demora, cariño), es lo primero que dice con un tono de voz suave, universalmente conocido, y hasta el momento lo único que hace recordar a esa Paris Hilton de veinte años, vestida de rosado y cargando a su chihuahua Tinkerbell, como host de los clubes más lujosos de Manhattan o teniendo algún diálogo junto a su BFF de ese entonces, Nicole Richie en The Simple Life.

—A tus 30 años, se ve que tu look ha cambiado… ¿Qué pasó con el color rosado?

—Creo que finalmente he madurado (ríe). He crecido en todo sentido durante la última década y también confieso que me siento como una adulta. Aunque siempre tendré ese espíritu de niña libre con el que me hice conocida…

—No todas las chicas de treinta pueden decir que manejan un imperio billonario por sí mismas…

—¡Totalmente cierto!, y estoy muy orgullosa de eso. Ser empresaria es algo que está en mis genes, en la sangre de mi padre y en la de mis abuelos, quienes han sido mis máximas inspiraciones. Pero reconozco que he trabajado duro para conseguirlo y que gracias a eso, estoy pasando por uno de los mejores momentos de mi vida.

—Estás al tanto de tu fama, eres un referente en el mundo de la belleza y hoy un éxito en la órbita empresarial, incluso como una de las top emprendedoras jóvenes para Forbes. ¿Cuál es el siguiente paso?

—Siento que cada uno de mis sueños se ha hecho realidad y quiero hacer de este imperio una marca mundial. Pero creo que eso no lo es todo, también me falta tener hijos y formar una familia, creo que esa es mi gran misión como mujer. Por eso agradezco estar hoy con Tom y estoy muy ansiosa por ver cómo será nuestro futuro juntos.

—¿Esa idea surgió después de ver el matrimonio de tu hermana Nicky, donde fuiste dama de honor?

—(Ríe) La verdad lo conocí algunos meses antes. Pero haber visto a mi hermana tan feliz junto a su marido, fue algo maravilloso y definitivamente inspirador. Espero que en el futuro yo también pueda lograr algo como eso.

—¿Crees que Tom podrá seguir el ritmo de vida que llevas?

—Está acostumbrado al estrés. Está a cargo de 17 compañías y nadie mejor que él podría entender mi vida como empresaria. Es una de las personas más inteligentes que he conocido y lo admiro más que a nadie. Lo amo y creo que finalmente encontré a mi alma gemela.

Paris hace una pausa. Pide a Jennifer que tome fotografías y que registre material audiovisual para sus distintas plataformas en redes sociales, las que ella misma controla, excepto cuando está en sesiones de fotos o entrevistas.

—¿Cómo es tu relación con las redes sociales? Cindy Crawford dijo en una entrevista para CARAS que ser famosa en su tiempo era totalmente distinto: hoy no necesitas un gran talento, sólo seguidores en tus redes. ¿Estás de acuerdo con eso?

—Cuando empecé en esto no existían las redes sociales. Era un mundo completamente diferente. Las redes sociales han cambiado lo que significa ser una celebridad en sí misma, en el fondo, internet revolucionó todo el concepto. Entonces claro, estoy de acuerdo con Cindy. Pero a la vez pienso en el lado positivo, en que puedo estar en contacto con mis fans en todo momento y puedo demostrarles mi cariño también.

—Tienes más de cinco millones de seguidores en Instagram y otros 10 millones en Twitter que no siempre son fans, sino haters que comentan sobre ti y tu familia… ¿Qué piensas de eso?

—Creo que son personas miserables que no me conocen, tan negativas que incluso odian sus vidas. Disfrutan soñando que podrían tener una vida como la mía, pero no me dan nada más que pena. Y a estas alturas, no me importa lo que digan de mí o de mi familia. No me interesa informarme de eso.

—¿Qué piensas de que tus fans hayan pensado que el hashtag #PrayForParis, después del atentado en Francia, haya sido porque algo te había sucedido?

—(Hace una pausa) Ese día no paré de llorar mientras veía las noticias… Cuando intenté dormir recibí llamadas y mensajes en WhatsApp que me preguntaban si me encontraba bien. Ahí me detuve y pensé: ‘esto no puede ser cierto’. Me decepcioné y lloré muchísimo por una sociedad que no se preocupa por lo que pasa en el mundo, sino por lo que le pasa a una persona como yo. Tengo claro que hubo gente que de verdad estaba preocupada por mí, pero las personas deberían informarse más. Me da mucho miedo el mundo en el que vivimos hoy.

—De hecho, luego subiste una foto que decía: PrayForTheWorld…

—Sí, la verdad soy muy activa en mis cuentas. Y algo tiene que cambiar, debemos preocuparnos de la humanidad entera, no sólo de lo que pasa en algunos sectores del mundo.

Su paso por Chile incluyó su presentación en la discotheque Suka de Monticello como DJ, una faceta en la que lleva tres años activa en los clubes más cotizados de Ibiza, Las Vegas y Miami. “La música me relaja y a la vez me hace vibrar”, asegura con determinación. Desde los cuatro años toca violín y piano y luego conquistó los ránkings de Billboard con Stars are blind. El año pasado fue nombrada la Mejor DJ Femenina de 2014 según la estación francesa NRJ, lo que hoy justifica su visita a Chile, uno de los pocos lugares desconocidos para ella.

—¿Cuál fue tu inspiración para iniciar esta nueva faceta?

—Conozco absolutamente cada rincón fiestero de este mundo. Siempre estoy con los ojos muy abiertos, poniendo atención a cada detalle que me rodea. Adoro el efecto que produce la música en las personas. Lo que más me gusta en la vida es controlarlo todo y en el escenario soy imparable. Nadie sabe dar una fiesta como Paris Hilton.

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—¿Algún ídolo?

—Debo ser sincera… ¡Soy amiga de todos! (ríe). Aunque destaco el trabajo de Calvin Harris y Martin Garrix…

—Muchos DJs dicen que eres una ‘aparecida’ y que no mereces reconocimientos, ¿qué opinas de eso?

—Imagino que cuando se sabe que Paris Hilton tocará en alguna fiesta, asumen que soy la chica millonaria que no sabe nada de la vida, pero eso no es más que un personaje que tuve para una serie. Cada vez que alguien va a una de mis fiestas, se arrepienten de haber hablado mal de mí. Adoro probarle a la gente que están en lo incorrecto. Además, ¿de verdad creen que pueden hacer una mejor fiesta que la mía? (ríe)

—¿Crees que tener que probar que todos están en lo incorrecto es uno de los costos de tu fama?

—Cuando uno hace bien las cosas, siempre habrá quienes te critiquen y te odien, así de simple.

—Si tuvieras que escoger tan solo una de las profesiones que has empezado a lo largo de tu vida como celebridad, ya sea modelo, cantante, empresaria y ahora DJ. ¿Cuál escogerías?

—Amo absolutamente todo lo que hago. Ser DJ es una de las mejores experiencias que he tenido, sentir la energía de un público ‘en llamas’ es algo indescriptible. Pero con las mismas ganas adoro diseñar mis productos y también modelar. Aunque lo admito, me quedo con mi vida de business woman.

—¿Y cuando te relajas?

—¿La verdad?

—Claro…

—Sobre un avión, donde no tengo wifi ni conexión con nadie. Ahí es donde realmente duermo y me tranquilizo. Aunque la verdad, no me interesa descansar de mi vida. Adoro las entrevistas y las sesiones, y si no las hiciera, de verdad me aburriría.

—Paris, tú construiste una imagen junto a tu chihuahua Tinkerbell. ¿Cómo han sido estos siete meses sin ella?

—(Hace un pausa) Ha sido muy difícil. No hay día en que no piense en ella. El día de su muerte estaba en Coachella y nadie quería contarme. A la mañana siguiente, mi madre me llamó y me enteré. Sentí que había perdido a mi mejor amiga y a una hermana. Con Tinkerbell pasamos de todo, se transformó en una fashion icon y desató la locura por los chihuahuas. Todos quisieron tener un sólo por su existencia. Nunca dejaré de pensar en ella, pero agradezco todo el cariño de quienes la amaron tanto como yo. Y hoy tengo a Peter Pan, otro chihuahua que compré en homenaje a ella.

Segundos después, Paris se acerca al espejo de la habitación para retocarse ella misma el maquillaje, saca de su cartera su luz led y ofrece selfies a quienes estamos cerca para inmortalizar el momento. No parece estar cansada y si lo está lo disimula a la perfección. El show debe continuar.

—¿Usarás este mismo vestido para la fiesta en Suka que empieza ahora?

—No querida, este modelo me lo puse sólo para ti, para tu revista.

Profesional, casi obsesiva con los detalles, antes de empezar la sesión de fotos y entrevista mira en 360 grados el lugar: “Creo que hay que subir las luces y prefiero que las cámaras las pongan del lado izquierdo, así puedo mostrar mi reloj y la cartera de mi nueva colección”. Hace una pausa. “¿Dónde te sentarás para entrevistarme?”, me pregunta. “¿Podrías ponerte en el mismo sillón que yo? Así el ángulo permite que también se vea mi nuevo perfume”, sugiere con una leve sonrisa pícara, suponiendo que así —a su estilo—, todo se verá a la perfección.

En tres minutos exactos, Paris Hilton había armado un nuevo escenario. Al instante, Jennifer, su manager, le entrega uno de los envases forrados en cristales de su colección Paris Hilton Fragrances, un verdadero imperio de 2 billones de dólares que vende a través de su sitio web parishilton.com, junto a su línea de ropa, carteras, anteojos de sol y cosméticos que ella misma diseña y que ya se venden, incluso en China. Todo eso, además de haber inaugurado su primer proyecto inmobiliario The Paris Beach Club en Manila, Filipinas hace más de un año para seguir con la tradición hotelera del clan.

Camina decidida al centro del salón y se detiene bajo una lámpara de cristal que pasa a segundo plano ante su figura, luego se sienta con mirada sexy en un sofá vintage. Ahí se transforma, se concentra por completo a pesar de las numerosas personas que gritan su nombre y decenas de smartphones que la apuntan. Ella, hipnotizada por el lente de nuestro fotógrafo posa y en segundos ofrece sus mejores ángulos. Sabe que la marca Paris hay que cuidarla, por algo es una business woman.