Una astrónoma chilena que descubrió un nuevo planeta que gira en torno a una estrella y el exhaustivo trabajo de Roberto Matta por explorar nuevas dimensiones fueron los puntos de partida para el desarrollo de la nueva colección de Pola Thomson (34). Una muestra que, como es de costumbre en los más de diez que lleva en su piel, está construida a partir de la anterior. El denim como uno de los protagonistas, una paleta de colores neutros con acentos azules, negros y marfiles, atractivos detalles técnicos entre los que destacan botones hechos a mano y Natalie Joos como encargada del styling, son algunos de los adelantos de la serie aún inconclusa.

Tal como el tiempo transcurre en Manhattan, no hay mucho espacio entre una colección y otra. “Siempre estamos trabajando en el futuro y contra el reloj, pero aun así cada muestra es descubrir cosas nuevas y al mismo tiempo ejecutar mejor lo que ya conoces”, cuenta la diseñadora que ya guarda un cupo entre las firmas de renombre internacional y que, con su aparición en el Fashion Week, consolidará su carrera en una de las grandes capitales de la moda el próximo 14 de septiembre. 

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La artista presentará su colección en un salón —en el cual solo Stella MacCartney había tenido el privilegio de exponer— en el edificio histórico de Americas Society, la famosa entidad fundada por los Rockefeller. Estos últimos además tienen una agrupación llamada Young Professionals of the Americas de la cual Thomson fue invitada a formar parte de su comité, compuesto por ocho jóvenes destacados en distintas áreas, convirtiéndose así en la primera chilena en ocupar el cargo.

En noviembre se cumplen seis años desde que emigró a la Gran Manzana. Tras titularse de diseño en la Universidad Católica —tiempos en que además tomaba clases de costura con Laura Rivas Vial, trabajaba freelance en producciones de moda y crecía junto a su marca Pituqui Pinaqui— viajó a Londres por poco menos de un año para perfeccionarse en la prestigiosa escuela de moda Central Saint Martins. “Al regresar a Chile me di cuenta de que en realidad quería salir, pero de ahí en adelante fue todo un poco fortuito, no lo planifiqué tanto”.

Un par de buenos contactos, un portafolio de prensa ordenado y un toque de buena suerte fueron los ingredientes necesarios para que en menos de tres meses tuviera la visa lista. “Solo vine a Chile a firmar al consulado, volví a Nueva York y ya tenía una invitación para presentar en el Panama Fashion Week. Desde el minuto en que decidí quedarme y elaborar mi proyecto homónimo, nacido en 2009, ya todo funcionaba mágicamente”.

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De ahí en adelante su trabajo ha estado presente en numerosas pasarelas internacionales en países como Estados Unidos, Panamá, Italia y Francia y ha recibido numerosos reconocimientos y títulos. “¿Alguno en particular? El premio que me llevó a París. Fue muy impactante haber sido elegida entre tantos jóvenes talentos como una de las cinco preferidas y luego haber sido la ganadora para presentar mi colección al año siguiente. Imagínate que fui escogida por franceses, los padres de la moda”.

La profesional define su estilo como “un purismo súper sofisticado”. Para ella la comodidad y la utilidad son primordiales, aunque admite que “son muchas más cosas las que hay que considerar en el trayecto hacia el resultado final. Persigo eso colección a colección”. Thomson diseña en Nueva York pero gran parte de su manufactura está en Chile. Una fórmula bastante eficaz porque experimenta en una ciudad que no se detiene y elabora sus piezas en una zona considerada como “no contaminada”. “En Manhattan las mujeres viven y trabajan igual que uno y eso te da a entender cual es el estilo de vida y qué es lo que realmente necesitan. La idea es hacer cosas significativas y no solo por capricho. Cada prenda que está en la colección tiene que estar”.

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Thomson lleva una vida de ensueño que parte con un Starbucks de soya y un croissant antes de irse al estudio en donde se dedica a contestar correos y organizar su agenda. Por lo general tiene reuniones diarias y muchas veces pasa algún estilista para recoger algo de la colección para un photo shoot. En las tardes se dedica sagradamente a sus clases de yoga que alterna con la kabbalah —curso espiritual de crecimiento personal— porque como ella misma confiesa “mis primeros años acá fueron de locos y me di cuenta de que necesitaba retomar mi centro, de hecho ahora me acabo de cambiar al barrio de Clinton Hill en Brooklyn luego de tres intensos años en Chinatown”. 

Esta es la vida que lleva una mujer a cargo de una compañía de ropa, accesorios e indumentaria. Una vida que triunfa y se consolida bajo el sello Pola Thomson. “Creo que en este trabajo lo único que supera la belleza es el cambio”.