La diseñadora colorina a quien no le preocupaban las tendencias, que con estilo y sentido del humor abrió su boutique a fines de los ’60 para dar opciones a la mujer moderna que trabaja y que no renuncia a su sensualidad.

Esa misma libertad que la parisina exponía a inicios de su carrera al dar entrevistas descalza en actitud chic se imprimió en sus creaciones.

Especialmente en esos tejidos que se amoldaban al cuerpo fememino sin comprimirlo y cuya popularidad consolidó su imperio de ropa, accesorios y fragancias. “Cada colección es un nuevo capítulo de ese ‘libro’ que inicié en la tienda de Rue de Grenelle”. Un verdadero best seller.