Desde un comienzo se supo que este no sería un Fashion Week como otros. En la era del #MeToo —el hashtag que unió al mundo en la denuncia de agresiones y acoso sexual hacia las mujeres— y con decenas de diseñadores migrando hacia las pasarelas europeas, era de esperarse que esta fuera una semana de la moda diferente, al punto de cuestionarse sobre el fin del NYFW como lo conocemos.

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Aun así, las calles de la ciudad brillaron durante siete días con streetstyle de lujo. ¿La gran protagonista? La chaqueta tipo aviador. Esa que todas las neoyorquinas compraron en Zara, ASOS o Urban Outfitters a principios de temporada aspirando a que se vea como la Velocite Jacket de Acne, la misma que ya figura como un uniforme en la ciudad. Otra de las favoritas de la temporada es la teddy bear jacket, un abrigo oversize que recuerda la textura de osos de peluche y que vimos en todas sus versiones posibles estos días. ¿En tercer lugar? El estampado Príncipe de Gales, el popular de los ’90 hoy va en pantalones, faldas, trajes e incluso accesorios, transformándose en el print favorito de la temporada.

Las pasarelas tuvieron su epicentro en los Spring Studios en Tribeca, pero también en icónicos espacios para el mundo de la moda.

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LAS CLAVES DE LOS DISEÑADORES

Alexander Wang tomó riesgos. Desde las ex oficinas de Condé Nast en Times Square, el diseñador se despidió del NYFW para comenzar a mostrar sus colecciones en junio y diciembre. Con una pasarela plasmada de futurismo, dedicó sus prendas a las mujeres poderosas que lo rodean. Kaia Gerber —la hija de Cindy Crawford— abrió un desfile que reversionó la estética punk. Chokers, tachas y colores guiñaron a los ’80 y se fusionaron con el futuro.

En la misma tónica, Jeremy Scott presentó una colección galáctica, que pareciera haber sido extraída de El quinto elemento. Triunfaron los tonos flúor en telas plastificadas y pelucas, los estampados sicodélicos y las panties de colores. Victoria Beckham también se despidió del NYFW para migrar a su natal Londres. Fiel al minimalismo y la gama de neutros, la diseñadora mostró siluetas relajadas, donde el oversize lideró en prendas y accesorios, destacando el tote bag XXL, favorito de las it girls.

Tory Burch rindió culto a la feminidad, con una visión moderna y romántica de la mujer en una pasarela construida en medio de 14 mil claveles rosados. Chic y sofisticada, su nueva colección combina capas, texturas y estampados con sastrería clásica en tonos blancos, pasteles y camel. Y es que esta semana de la moda puso especial foco en cuestionar y redefinir el concepto sobre lo femenino.

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Prabal Gurung se inspiró en la tribu Mosuo, un matriarcado situado en Yunnan (China) y en la activista india Gulabi Gang, con una colección que revivió el terciopelo, plumas, lentejuelas y prints. Otro de los highlights de la semana fue el desfile de Carolina Herrera. Después de 37 años a la cabeza, la diseñadora venezolana anunció su retiro como directora creativa de la marca, cargo que quedará en manos del estadounidense Wes Gordon. El Museum of Modern Art (MoMA) fue el punto de encuentro para mostrar una colección elegante y sofisticada, con trajes de noche que incluyeron juegos de volumen en tonos fucsia, turquesa, rojo y amarillo. El final de su presentación incluyó un tributo a su icónica blusa blanca, históricamente combinada con cinturón y falda amplia.

Diane von Furstenberg presentó una colección geométrica, con colores vibrantes y estampados inspirados en patrones de la onda disco. Tom Ford mostró una colección cargada de glitter, texturas metalizadas y animal print. Un comeback de los ’80 con un toque glam. Michael Kors mostró un invierno lleno de color, con inspiración preppy y enfocado en el tartán, las líneas, flores y puntos en delicados vestidos y trajes de corte vintage.

Calvin Klein decidió dejar de lado el minimalismo y optó por una colección inspirada en el descubrimiento de América, la carrera espacial de los ’60 y la era de la información del siglo XXI. Sobre una pasarela de palomitas de maíz, Raf Simons mostró prendas urbanas oversize y siluetas asimétricas con notas neón que inmediatamente recordaron trajes de bomberos o astronautas. No dejar que lo femenino se transforme en sinónimo de debilidad es el concepto que deja esta semana y que convivirá la próxima temporada con colores vibrantes, el regreso del animal print y súper texturas futuristas.