Es la estrella entre las estrellas de la agencia Elite. Una de las cinco modelos más solicitadas del mundo entero. Y también la más cara, junto con la novia de Richard Gere, Cindy Crawford. Pero los avisadores no tiemblan a la hora de pagarle los 30 o 35 mil dólares que exige por cada sesión de fotos. Es que saben que obtendrán un resultado sensacional.

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Toda una mujer de negocios es esta Naomi Campbell. Oculta bajo una máscara de niñita chica, con una personalidad extravagante y fascinante, mezcla de gata regalona y tigresa feroz, a los 20 años se ha transformado en una de las cabezas más poderosas de Nueva York, París y los lugares top del mundo.

Su cara aparece en las mejores portadas, su cuerpo en afiches gigantes de publicidad. Y no falta en ningún evento social. Siempre presente, la Campbell es definitivamente la estrella del momento. Y no sólo por su físico, Tiene el mundo a sus pies a punta de excentricidades, exageraciones y exigencias.

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Viaja sólo en una limusina que está permanentemente a su disposición. Para distancias más largas, no acepta otra cosa que el Concorde. Durante las sesiones de fotos no obedece orden alguna. Al revés, goza haciendo exactamente lo contrario de lo que el fotógrafo le pide. Pero todo el mundo le aguanta y la celebra.

Por si fuera poco, le fascina cantar mientras trabaja. Lo cual impulsó a un productor a preparar un álbum con ella. Nada menos que con canciones de Jellybean Benítez, el compositor que está tras la mayoría de los éxitos de Madonna.

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Y si hay fiesta, ahí está Naomi. En especial en el Rex de Nueva York y en el Central Park. Las cabezas se dan vuelta cuando pasa. Sobran ejemplos. John Kennedy jr., Robert de Niro y Silvester Stallone se rindieron. El divertido actor Eddie Murphy enmudeció. Y el boxeador Mike Tysson le dedicó su última victoria. Pero le pareció pobre, y le envío un abrigo de mink.