Siempre es importante recordar que absolutamente todos tenemos el poder de convertirnos en quien queramos ser, más allá de nuestro rol, profesión o quéhacer que nos defina. Por supuesto que lo que uno hace o se dedica contribuye a la creación de nuestro autoconcepto, pero “ojo” no nos condiciona ni limita sólo a ello. Uno es mucho más de lo que uno hace.

En este punto la imagen personal juega un rol clave, ya que el vestuario nos ayuda a vernos de la forma en que queremos ser vistos y en cómo queremos percibirnos a nosotros mismos. No se trata de frivolidad como muchos pueden pensar, pero querer sentirse bien, aceptarse y entender qué sí podemos conseguir una mejor versión de nosotros, es fundamental para concebir la vida y establecer interacciones desde una perspectiva más postiva, segura y desde la satisfacción.

Como todo en la vida, debiese haber un equilibrio entre lo que proyectamos y lo que somos, de lo contrario cuando hay disonancia o inconsistencia en alguna de estas esferas, todo queda poco natural o finjido. Un ejemplo de ello es cuando mujeres ingenuamente buscan la elegancia en carteras o zapatos de diseñador, y no se dan un cuenta que la elegancia es un tema de actitud ante la vida.

Otro ejemplo – muy evidente – es cuando hombres o mujeres quieren vestirse, sin cuestionamientos, con todo lo que sea última tendencia, para así sentirse in. No obstante el resultado es nefasto; No se sienten cómodos con ellos mismos, o en otras palabras se sienten disfrazados.

Para que lo anterior se dé de manera natural, tiene que haber algo así como un match único que provoque que uno se sienta bien con lo que lleva puesto y eso se da sólo al llevar el vestuario (prendas, colores y tendencias) de acuerdo a tu estilo personal.

Hoy el hombre y la mujer juegan múltiples roles; Papás, ejecutivos, profesionales, amigos, empresarios, esposos, deportistas e hijos, y a simple vista podríamos pensar que se deben proyectar distintas cosas en cada rol, no obstante creo que la gracia y el desafío es buscar un punto en común que sea transversal a todo lo que hacemos y que en definitiva se traduzca en la esencia de cada uno.

La invitación es a encontrar esa conexión entre todo lo que hacemos y lo que nos define; ese hilo conductor que está presente durante las 24 horas del día. Sólo así empezarás a transmitir un sello único y reconocible por el resto; o en palabras más simples, empezarás a proyectar tu propio estilo.

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