Andrés Peñaloza: BIZANTINO

Andrés Peñaloza (45) se dedica a pintar hace solo diez años, cuando se cansó de la oficina en la que trabajaba como diseñador. El artista chileno reconoce que al recibir la propuesta no intentó traspasar una de sus pinturas a la mochila de CAT. “Aquí el ejercicio es distinto: yo jugué. Fue absolutamente espontáneo, porque creo que en la pintura impresionista y abstracta todo tiene que ser muy libre”. Asimismo, reconoce que “en un objeto hay un lenguaje que seguir. Para mí, mantener la simetría y la composición de la mochila es fundamental. Usé tizas, acrílicos y una textura extra en lámina de oro 18 quilates, inspirada en las pinturas bizantinas”.

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Isidora Villarino: URBANA

“Me inspiro en la interacción del ser humano con los espacios. Pongo especial atención en cómo la luz incide en esos lugares y se crean estructuras que no existen en esa dimensión pero sí en otra”, asegura la artista visual Isidora Villarino (29). “En la mochila quise replicar un poco el espíritu de mi última exposición ‘Estructural’ en la que trabajé con la instalación, el espacio urbano y la construcción”, dice. Isidora reconoce que siempre encuentra la estética en las cosas que para el resto de la gente son ‘toscas’. “Busco el lado delicado y fino de lo cotidiano. En este caso trabajé sobre la ciudad, porque es donde me muevo todos los días y CAT es outdoor y calle”.

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María José Benvenuto: ABSTRACTA

Amante de las manchas, los colores primarios y la ciudad como espacio de interacción, la artista chilena ‘Coté’ Benvenuto (26) se sumó a la iniciativa CAT con una propuesta urbana. Atrapada en la técnica de lo abstracto con incorporación de objetos en miniatura, su proposición es la intervención de la ciudad en una mochila que, si bien mucha gente la relaciona con el concepto de outdoor, se adapta perfectamente en la urbe y sus interacciones. “Los personajes cuentan la historia en mi obra. La relación de los personajes construye un relato urbano que creo con colores grises y objetos de plástico de impresión 3D en miniatura incorporados a la mochila negra”.

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Laura Ameba: MOCHILA-TERAPIA

La bordadora Laura Ameba (27) aterrizó en Santiago hace algunas semanas, arrendó un espacio donde trabajar por los meses que residirá en la capital y allí —bastidores, dedales, hilos y hojas de por medio— intervino la mochila. Reconoce que su vida está dividida entre Barcelona, Tokio y su ciudad natal, Santiago. La experta en moda y bordado de alta costura se animó al desafío: “Me pareció entretenido ver mi trabajo en un soporte que no fuera el bastidor donde siempre trabajo”. “En este caso, tomo a la mochila como un espacio contenedor de historias: una aventura en el bosque, un viaje”. Plantea que su inspiración está estrechamente ligada a la etnomicología —que se define como el estudio de la relación entre los seres humanos y los hongos— y cómo el uso de la naturaleza ayuda a sanar a las personas. Por eso, su trabajo incorpora pequeños hongos rojos sumados a un espacio verde de musgo. “En una mochila uno siempre carga problemas: cuando cargas la mochila, cargas una historia. Yo en este caso utilizo a la naturaleza como terapia alternativa”.