Hay divas y divas. De todas las que conozco –que son muchas– ninguna se compara a ella. Por lo que genera y por lo que representa. Fue la primera vez que todos mis conocidos me felicitaron sin necesidad de preguntarme con quién posaba en la foto. Recibí comentarios de todas partes y eso me ayudó a dimensionar su lugar en el mundo. Sarah Jessica Parker no es una actriz; es una ídola popular. Como un cantante de rock, o un futbolista.

Por eso no sorprende la Sarahmanía que se ha desatado desde que Caras anunció que vendría a Chile invitada por Ripley.

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Pero SJP no llegará sola. A su equipo lo llaman el “glam squad”, y el nombre no es caprichoso. Se trata de los tres fantásticos que la acompañan a todas partes y cuidan su imagen sin dejar ningún detalle librado al azar. Hablamos de su estilista, su maquilladora y su peluquero. Tres pesos pesados de la industria que, al igual que la diva, solo viajan en business y no se le despegan ni a sol ni a sombra.

No es un mito. SJP es mucho más glamorosa que Carrie, el personaje de Sex & The City que la transformó en ícono mundial de la moda. Lo comprobé cuando viajé a entrevistarla en Nueva York hace algunos meses a propósito de su lanzamiento como rostro regional de la multitienda. La imaginaba imponente, menos real de lo que es. Bajita (arriesgo cerca del metro sesenta) de contextura chica, cara súper angulosa y manos curtidas. Diría que es lo único que encontré que delataba su medio siglo de vida. Las manos no son distintas a las de cualquier mujer de 50. Por lo demás, parece haberse detenido en los treinta. Con ese pelo rubio perfecto que no se despeina con el viento y un look effortless chic que me hizo morir de envidia. Jamás se me habría ocurrido combinar un saco de esmoquin con jeans y stilettos.

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Esperó a que estuviera sentada para aparecer caminando por el estudio donde se grabaron los comerciales. Su asistente la siguió de cerca con unas sandalias planas en la mano. Nunca se separó de nosotras más de medio metro.
Es que SJP no vive subida a los tacos. En honor a la verdad, prefiere los modelos planos. De los diez minutos iniciales que debía durar la entrevista decidí dejar los últimos para las fotos, pero fue la misma Sarah quien cambió las reglas del juego cuando terminó de posar y el tiempo se había acabado: “You can keep asking”, me dijo, y seguimos hablando sobre su viaje a Chile y Perú. Me contó que tiene ganas de probar la gastronomía y se obsesionó con un restorán en Lima que le recomendaron espacialmente (fue galardonado como el mejor del mundo), donde por supuesto ya tiene reserva a pesar de que habitualmente cuesta meses conseguir una mesa.

Su agenda en Santiago es un secreto guardado bajo siete llaves. Pero como siempre se puede espiar por la cerradura, aquí van algunos detalles: Se alojará en un hotel de Vitacura junto a su glam squad. No pidió nada estrambótico. Solo un espejo de cuerpo entero, una silla alta para maquillarse que tuviera respaldo y toallas extras. Le gusta viajar en el mismo auto que su equipo. Nada de limusina para ella y taxi para el resto.

En la fiesta para 400 personas que prepara Ripley en el Parque Arauco SJP no estará hasta el final. Nicole hará un show en vivo y la lista de invitados es una auténtica guía VIP. Sarah Jessica Parker no habla español pero se comprometió a practicar algunas palabras antes de aterrizar en sudamérica.

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Un grupo de cinco diseñadores locales trabaja en en vestidos “made in Chile” creados por y para ella. No los usará en la fiesta, pero la diva elegirá su favorito. La expectativa que provoca su llegada no tiene edad, pero sí lógica: Sarah Jessica transformó su nombre en una marca registrada a la que todos quieren acceder. Y el próximo 2 de octubre, algunos pocos tendrán ese privilegio. Allí estaré.