Me imagino que muchos de ustedes ya están familiarizados con el concepto ´viralización`, tan de moda hoy por el fenómeno de las redes sociales y que según mi opinión, pasó de ser un medio para convertirse en un fin absoluto en materia de moda, especialmente en lo que respecta a desfiles.

Ya no basta con tener en el front row a los editores, periodistas y principales medios. Hoy personas influyentes en redes sociales, también tienen reservada su silla. Ellos que muchas veces ni tienen relación con la moda, son consideradas igual o incluso más importante que rostros icónicos y emblemáticos, tales como Anne Wintour o Anna Dello Russo que han estado ligadas a ella desde hace décadas.

Si bien es clave la renovación y estar abiertos a las nuevas generaciones, considero que es igual de importante que exista un balance con la tradición en la audiencia, por decirlo de alguna forma, pero sobre todo mantener el foco en lo que nos convoca, la moda. Un excelente ejemplo es incorporar a rostros como Chiara Ferragni o Alexa Chung quienes han conquistado al mundo entero con su talento y sentido estético, pero llenar la primera fila de rostros como Kim Kardashian, Justin Bieber o Kanye West, entre otros, me parece que se vincula más a lo mediático, al reality show y al número de sus seguidores en Instagram, que a verdadera influencia en materia de tendencia.

Los desfiles Otoño/Invierno 2015 de Chanel, Givenchy, Rick Owens y Valentino, destacaron por el show, el espectáculo y las celebridades, es cuestión de recordar la mediática aparición de los actores Owen Wilson y Ben Stiller, interpretando a Hansel y Derek Zoolander, en pleno desfile de Valentino. No hubo espectador en ese desfile que no se levantara de su asiento, sacara su smartphone y captara tan memorable acontecimiento.

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Sin ánimo ni la intención de parecer afligida, ya que sin duda hay que reconocer que son shows divertidos y este recurso de lo inesperado genera conmoción y ruido, tengo la sensación de que algo realmente importante se está perdiendo: El protagonismo a la colección, a la ropa, al calce y a la propuesta en sí. Finalmente lo que más se habla al día siguiente es de todo, pero menos de la ropa. ¿Algo pareciera no encajar?

Creo en la originalidad de las propuestas y en la importancia de no quedar fuera del cambio, las nuevas tecnologías y nuevas personalidades, pero siempre con equilibrio y prudencia. La ropa debiera ser siempre el protagonista de un desfile, y los comentarios o contenidos que se desprendan de la presentación de una colección, debieran centrarse en esto y no en todo aquello que desvíe la atención de las prendas.

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