En la populosa y vital Buenos Aires ¡por Dios que pasan cosas! Pero sin duda que el acontecimiento que más impacto ha causado en lo que va del año fue la llegada de Inés de la Fressange con la colección de la temporada otoño-invierno de la Casa Chanel.

El desfile, de una elegancia y sofisticación difíciles de ver en estas latitudes, tuvo lugar en el Alvear Palace, tradicional hotel de la city porteña argentina.

Las mayores alabanzas se las llevó la presencia de Inés, una de las mujeres más elegantes, lindas e inteligentes del mundo de la moda.

Conocida en Europa como la embajadora de la elegancia parisina, es todo lo contrario de lo que uno está dispuesto a esperar de una modelo. Todo lo contrario de una mujer superficial.

Con ella se puede hablar de plantas con la precisión de una experta; de animales, especialmente los perros, a quienes adora; de la medicina dulce (homeopatía), que en estos momentos hace furor en el viejo mundo, con medicamentos simples sobre la base de productos naturales; también de literatura. Inés es gran lectora, de cine, de actualidad y lógicamente de moda. A pesar de que declara no saber nada de moda y se define como “out of fashion” (pasada de moda). Una frase que podría ser una herejía viniendo de una modelo, pero diciéndolo ella, que tiene contrato desde hace siete años con Chanel y que acaba de renovar por cinco más, el comentario adquiere otros cariz.

La entrevistamos en su suite del Alvear Palace, una suite elegante pero sobria, como su ocasional habitante.
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Al verla, uno inmediatamente piensa que Inés nació con el estilo y las maneras Chanel. Se viste con gran dominio del negro y aclara que antes de Chanel sólo las viudas usaban ese color.

Combina lo sport con lo clásico, mezcla que le resulta original y divertida. Porque a pesar de ser la máxima exponente de una casa de moda, Inés se viste con su propio estilo, que es de una sencillez extrema.

Alta, muy alta, delgadísima, cálidad y amable, sedujo a los porteños con sus respuestas siempre cariñosas, sin ambigüedades.

- Antes que nada queremos preguntarle sobre su relación con Argentina, ya que todo el mundo hablaba aquí de la modelo argentina de Chanel…
- Soy la hija de un marqués francés. Mi madre es cordobesa y fue modelo de Chanel por muchos años, hasta que un día le exigieron cortar su cabello y no lo aceptó diciendo: “Me gustaría saber si Coco, creadora de Maison, haría esto con mi persona”.

- ¿Usted vive todo el año en París?
- Una temporada en Londres y otra en París.

- ¿Es usted una mujer sociable, tiene muchos amigos?
- Más bien diría que tengo muy buenos amigos. Entre ellos, Lagerfeld, a quien se debe toda la fuerza renovadora y moderna de Maison Chanel; la princesa Carolina, que es una mujer muy tierna y cariñosa, muy distinta a la imagen que dan de ella diarios y revistas; y Jim, que es mi perro que también es modelo. Ha aparecido varias veces en desfiles y fotos.

“Su última aparición”, cuenta Inés con tremenda sinceridad, “fue con un abrigo quilt con hueso en el bolsillo. Eso me hizo muy feliz”.

“Adoro lo natural”

- ¿Tiene usted algo que ver con las creaciones de Chanel, colabora con Lagerfeld?
- A veces estimulo la creación de Karl, pero realmente él no me necesita. Es un ser muy creativo y sensible. Lo que pasa es que aveces una palabra o una broma estimula su rica imaginación. Yo soy como un chico: hago tonteras que producen cosas.

- Usted es considerada una de las mujeres más elegantes. ¿Podría definir en qué consiste la elegancia?
- Es una actitud frente a la vida. La elegancia no viene de la belleza exterior. Surge de adentro, del interior. Podríamos decir del alma.

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- Pero en un terreno más concreto, ¿qué debe tener una mujer en su guardarropa para considerarse bien vestida?
- Aparte de su actitud, una mujer tiene que tener cosas útiles, de fácil combinación. Una falda negra, una camisa blanca, unos buenos jeans. También un sweater negro. Con eso siempre estará bien vestida. Claro, la bijouterie y los accesorios son muy importantes. Medias de seda negra y también medias negras de lana para todos los días son imprescindibles.

- Se nota en usted una verdadera ansiedad por la simpleza, en su forma de vestir, en sus palabras. ¿Cree en la moda?
- No me gusta la moda. Además con mi trabajo y la supuesta celebridad uno podría caer en la locura. Por eso ando en bicicleta, uso ropa informal, cocino, adoro lo natural y trato de vivir cerca de la naturaleza. Uso el metro y me basto a mí misma. Lo real es la vida sencilla. A mí me gusta eso y por eso vivo así.

- ¿Hay una edad para finalizar como modelo?
- Bueno, tengo treinta años. Me quedan más o menos cinco de contrato. Mi trabajo tiene diferentes facetas: no sólo desfilo, también viajo, conozco gente, opino en Maison Chanel. Mi profesión no me deja tiempo para el aburrimiento.

Y así fue como Inés de la Fressange, distinguida y maravillosa. Se la vio recorrer las calles de Buenos Aires, ésas que el tango dice “tienen un no sé qué”, contenta y dejando recuerdo imborrables para la gente que se acercó a ella. Confesó que dejaba la ciudad y el país con nostalgia, ya que a través de su madre se sentía muy ligada a Argentina.

También dijo que le encantaría que se agregara dentro de los Premios Nobel, uno a la moda, y que a ella le encantaría ganarlo. Que Buenos Aires tenía algo de París, otro poco de Italia, y también acentos ingleses y alemanes. Que los conductores de taxi, que las vendedoras en las tiendas y que especialmente los garzones de bares y restaurantes sabían de política, de libros, de países y, lo más raro, de moda: sabían que en ese momento ella estaba en Buenos Aires. “Para mí, esto es muy divertido e increíble, tengo que contárselo a mamá”.