No escribiremos sobre su relación con Cecilia Bolocco ni con Raquel Argandoña. Tampoco haremos hincapié en los icónicos vestidos que diseñó para ambas en los momentos más importantes de sus vidas, porque de eso se ha dicho y se ha escrito en los últimos cuarenta años. Luciano Bráncoli murió hace unos días en España llevándose consigo un sinfín de anécdotas que retratan la evolución de la industria de la moda chilena. Porque como él solía decir y hoy afirman sus afectos, “no había moda antes de que llegara él”. En palabras de su gran amiga Marialyse Délano, él sacó a la clase media del Burda y trazó un camino que llevó a Chile hacia los orígenes de la alta costura gracias a los conocimientos que adquirió durante sus años de estudio en Europa. 

Hace poco menos de dos semanas, antes de viajar a España para descansar, visitar amigos y tener algunas pocas reuniones de trabajo, Luciano organizó una comida en su casa. Eran apenas diez personas entre quienes se contaban sus íntimas amigas Rosario Valenzuela, Marialyse y Alvaro, la pareja del diseñador. La estética atravesaba todos los ámbitos de su vida. Rosita, su cocinera de siempre, acostumbraba a compartir con él cada detalle. Esa noche hicieron un picoteo con tortilla española, prepararon una mesa con antipastos y juntos cocinaron los ñoquis como plato de fondo, y un postre de leche. La mesa estaba hermosa. Nadie imaginó que sería la despedida.

“Cómo duele su ausencia… El sabía las vulnerabilidades de sus amigos. Era un hombre apasionado en sus amores y en sus puntos de vista. Leal, apoyador. Tenía gustos refinados y por eso era tan buen anfitrión. En su casa se comía lindo además de rico”. Las palabras brotan entrecortadas desde las entrañas de su gran amiga Marialyse. Con ella compartió secretos, viajes, Pascuas y Fiestas Patrias. Lo recuerda con el cariño de quien se refiere a un hermano al que no podrá volver a abrazar. Ese con el que se ha reído, ha llorado y también ha comido sopaipillas mirando una película en la cama: “Tenía el don de enseñar, era su manera de buscar la trascendencia. En esa última comida lo noté cansado, lo llamé y le dije que el viaje le iba a hacer bien”.

brancoliin1

A Marialyse le cuesta hablar. Lo hace únicamente para rendirle homenaje. Quiere que lo recuerden por su aporte a la moda pero, por sobre todas las cosas, desea que se hable de su generosidad, su capacidad creativa y su pasión en la vida: “Luciano instaló la moda cuando aquí no había nada y su aporte fue un cambio estético en la sociedad. Era un hombre muy masculino, iba a misa todos los domingos incluso cuando estaba de viaje y era súper paternal”, cuenta. Es así tal cual como lo recuerda, también, una emocionada Rosario Valenzuela. 

Rosario era otra de sus partners y con ella compartió habitación en 2010 cuando viajó al trekking CARAS en San Pedro de Atacama.  “Era muy paternal con la gente que quería, con sus empleados y con sus amigos.  Eramos su familia. Siempre preocupado de todo lo que nos pasaba y cómo podía ayudar. Le gustaba recibir cariño, y como un niño chico se sentía si no lo llamabas”, recuerda. 

Luciano no contaba mucho sus proyectos, pero sí se mostraba feliz con su rol de director de la Escuela de Diseño del Instituto AIEP. Era bien trabajólico y por eso viajaba dentro del año. Lo habían llamado de una reconocida multitienda para fabricar uniformes a nivel regional y estaba cerrando un acuerdo con una universidad de Italia para ofrecer intercambios en Europa a sus alumnos. Formar a las nuevas generaciones era una constante inyección de energía para él, asegura Rosario, quien aún recuerda las últimas palabras de su querido amigo: “Me llamó desde el aeropuerto para despedirse y para decirme que nos veíamos a la vuelta, que me quería mucho. Me dijo que tendríamos que hacer más viajes juntos”.

brancoliin2

Bráncoli amaba compartir aventuras con sus amigas y con Alvaro, su pareja. Con Marialyse viajó a Panamá, Costa Rica y a Cuba: “En La Habana terminamos bailando tango en la plaza. Tenía mucho sentido del humor y una espiritualidad privada muy profunda. Era un hombre generoso. Mis tres hijos se casaron el mismo año y le pedí que me hiciera un vestido para poder transformar. Me dijo que ¡de ninguna manera!, porque me quería mucho, y tuve tres tenidas distintas. Ahora el desafío es mantener el taller. Todos los compromisos que tenía se van a honrar, sus empleados también eran parte de su familia”

En la industria, su ‘mundo profesional’, coincide en que era un caballero de tomo y lomo. La productora Soledad Morales lo vio por última vez hace tres meses y prometieron ponerse al día. La modelo Carola Ruiz también lo recuerda especialmente atento. Iba a su taller de la calle Orrego Luco vestida con ropa de colegio y se quedaba allí tardes enteras. Lo recuerda con sus grandes anteojos color rojo y su eterna musa, la ex modelo y artista Carmen Letelier.

Bisnieto de Paolo Bráncoli Martini, un inmigrante italiano que llegó a Chile para hacer los uniformes de la Guerra del Pacífico, a Luciano Bráncoli lo enojaba la deslealtad, la traición y también los comentarios políticos. El viaje de placer donde encontró la muerte de manera inesperada lo iba a llevar durante tres semanas a recorrer Lisboa y San Sebastián. De ahí tenía pensado ir a los pueblos de su familia, siempre en compañía de su pareja. El descanso se truncó a los pocos días y al cierre de esta edición continuaban los trámites para repatriar el cuerpo. 

brancoliin4

Chile perdió a uno de sus principales nombres de la moda, pionero en la alta costura local. En el taller (ahora funciona en la calle Málaga) lo aguardaban un sinfín de canutillos, perlas y cristales que ahora bordarán otros dedos minuciosos. La parcela de Lonquén que compartía con Alvaro y sus english setters cada fin de semana también llorarán su ausencia. Esos mundos diversos de Luciano que jamás se cruzaban, hoy se unen para despedir al diseñador.

Su amiga Marialyse elige dos frases de Hamlet para cerrar el homenaje: “Good night sweet prince (…). The rest is silence”.