Lo admito, si no es una cosa es otra, pero la locura me consume y no solo la de las carteras. Los sombreros también me quitan el sueño.

Siempre me han gustado, pero durante estos años en que he tenido que reportear este complemento he terminado por enamorarme más de ellos. Y sí, después de que el libro de fotografías “Audrey Hepburn in Hats” llegó a mis manos, terminé de rendirme a su sofisticación y estilo.

¿Por qué? Porque me parecen súper femeninos, porque cuando entrevisté a Patricia Correa, la famosa sombrerera chilena radicada en Bélgica, me confirmó que “un sombrero te puede cambiar totalmente un look; te ilumina y se puede transformar incluso en la pieza esencial de una tenida”. Así he ido aprendiendo de materiales y cómo combinarlos y usarlos… claro que el viento ―que suele ser parte fundamental del clima danés― no siempre me permite darme el gusto de llevar uno.

Un sombrero se puede usar siempre. Los hay para todas las temporadas y eventos, y creo que podemos coincidir en que en los últimos años han tenido un regreso triunfal en los armarios del mundo, no solo como un complemento sino muchas veces como un imprescindible.

Estaremos de acuerdo en que en Chile ha sido un accesorio más bien usado en nuestros campos y muchas veces guardados en la ciudad solo para ocasiones especiales. Sin embargo, creo que en los últimos años he visto más sombreros por la calle, especialmente en verano y naturalmente en las playas. ¡Pero no tiene por qué ser solo así! Es cosa de animarse. Como muchas cosas en la vida, la “actitud” juega un rol fundamental y, para llevar sombreros, hay que sentirse cómoda y segura. Ojo, que no necesariamente tiene que depender de la moda o de una tendencia; es más bien, la opción personal, apostar por por un estilo.

En lo personal, los del tipo “floppy” no encabezan mis preferencias y prefiero los colores oscuros a los claros, aunque en los meses de verano no puedo resistir el tipo “panamá” y las amplias “pamelas”. Muero por los del tipo “fedora” en fieltro, el “canotier” –como el de paja natural que usa Audrey Tautou en “Coco antes de Chanel”- y por estas latitudes frías es imposible resistirse al tipo de sombrero ruso o “ushanka”. Me encantan, ¿qué puedo decir?
Ahora, cuando encuentras un sombrero que te sienta, todo lo demás pasa a segundo plano. Lo importantes es experimentar y probar. La experiencia en sí es entretenida y el resultado más divertido aún.

Para quienes digan que los sombreros no les vienen, les diría que lo más probable es que todavía no hayan encontrado el apropiado. Nada más que eso. Créanme, con un poco de paciencia y buen ojo, hay uno para cada cabeza.
Entre mis favoritos, además de los sombreros de Patricia, debo decir que me obsesionan los de Fabianne Delvigne –una de las favoritas de la reina Máxima de los Países Bajos- y los de la Maison Michel, famosa por sus creaciones (además de sus maravillosas diademas) y por ser parte del exclusivo grupo de métiers d’art de Chanel.

Todavía no he tenido la suerte de estar en las carreras de Ascot ni en el Kentucky Derby pero confieso que están entre los lugares que me ilusiona reportear o ser una afortunada invitada con sombrero.
Un pequeño consejo, atrévete, no le des tantas vueltas. Pruébatelo, deja que fluya el placer de verte con un nuevo look y ahora que se acerca el invierno ¡Úsalos, no te vas a arrepentir!

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