John Galliano decidió volver a escena este año. En Estados Unidos, lejos de Europa, donde el ex creativo de la casa Dior se dio un tiro mortal de imagen en febrero de 2011, al pelearse borracho en París y largar una sarta de violentos comentarios antisemitas que lo llevaron a juicio y a convertirse en un exiliado del mundo de la moda.

Su decisión geográfica no fue casual, ya que en Norteamérica opera hace más de cuarenta años una de las mujeres más poderosas y conectadas de las relaciones públicas de celebridades: Liz Rosenberg.

Su decisión geográfica no fue casual, ya que en Norteamérica opera hace más de cuarenta años una de las mujeres más poderosas y conectadas de las relaciones públicas de celebridades: Liz Rosenberg. Nada menos que la publicista detrás de casi toda la carrera de Madonna. Ex ejecutiva de la disquera Warner y voz de estrellas de la música, desde la cantante y actriz Cher, los crooner Tony Bennett y Michael Bublé hasta la ondera Florence Welch y su banda. ¿Qué ha dicho ella sobre su estrategia para él? “Un paso a la vez”.

La profesional detalló su proceso de rehabilitación en una clínica de Arizona y el trabajo de estudio de la cultura judía en que éste se sumergió para redimirse. Un proceso de excusas públicas que ella coordina con el manejo de su agenda social (como evitar la gala del MET y reunirse en privado con las mujeres fuertes de Vogue, Anna Wintour y Grace Coddington).

Y qué mejor que Hollywood, que adora las historias de retornos, para supervisar el camino de vuelta del diseñador europeo en desgracia. Un hombre que vestía a las divas de cine y TV. En ese propósito Rosenberg tuvo a un poderoso aliado: Oscar de la Renta. El veterano modisto puso a Galliano ‘anónimamente’ a trabajar en su reciente colección de otoño, también fue el nexo para que el reconocido entrevistador estadounidense Charlie Rose confesara al ex Dior en su programa del canal Bloomberg. Allí —con cara trágica, rubio y sin sus famosos bigotes— reiteró las disculpas por sus dichos y explicó que su mal comportamiento estaba en directa relación con su adicción al alcohol y las drogas.

Y qué mejor que Hollywood, que adora las historias de retornos, para supervisar el camino de vuelta del diseñador europeo en desgracia.

La ofensiva de Rosenberg fue coordinada al milímetro, ya que las palabras ante la cámara complementan sus dichos a Vanity Fair. Y es que de reinvenciones, sabe más que muchos: por tres décadas trabaja con su cliente Madonna.