Objetos de adoración de las fashion bloggers, para los diseñadores su palabra es ley y su venia una bendición. Y aunque las after party parecen ser su habitat, estas mujeres trabajan sentadas en sus escritorios gran parte del tiempo y su horario laboral supera con creces las clásicas ocho horas. Son las editoras y productoras de moda (stylists en inglés). Solían manejar los hilos fashion tras bambalinas y pocos sabían quiénes eran los rostros responsables detrás de revistas, editoriales o de las millonarias campañas publicitarias o puestas en escena de los desfiles de las grandes casas de moda. Aunque ya en los ’90 existía la mítica Anna Wintour y luego en la primera década de este siglo surgió Carine Roitfeld, la talentosa editora de la Vogue parisina, ellas eran excepciones.

La tendencia iba más por el estilo de Alexandra Schulman, editora de la Vogue británica, muy respetada en el medio y de las que más conocen de moda en el mundo entero pero con un perfil tan bajo que pocos sabían quién era. Su polo opuesto, la omnipresente Anna Dello Russo, editora de Vogue Japón, fue la pionera de esta tendencia al comenzar a ser más fotografiada que las mismísimas modelos de sus producciones. Sus teatrales atuendos durante los desfiles de las Fashion Weeks compartían primera plana con los diseños mostrados de la pasarela. El fenómeno llegó con la democratización de la moda. Las tenidas vistas en first rows o en la calle aparecen en cada publicación fashion del planeta, las dueñas de estos looks son imitadas hasta el cansancio y son ellas las que propagan tendencias y muchas veces las dictan. Así nacieron las nuevas musas inspiradoras de diseñadores y consumidores.

Elisa Nalin: la artista

Esta chica italiana que se vino a París, es la figura detrás de destacados nombres del mundo fashion. La tienda por departamentos parisina Le Bon Marche ha puesto en sus manos varias de sus campañas, como también lo han hecho la firma de ropa interior La Perla, Benetton, Morgan y Sessun. Elisa escribe además editoriales para las revistas i-D,Dazed & Confused y la Vogue nipona. Es la fijación de cuanto fotógrafo de Street Style se pasee por una Fashion Week europea (a la semana neoyorquina no asiste pues no se aleja por más de un día de Luca, su hijo de tres años). La Nalin es el sueño dorado de los blogueros, con sus atuendos que combinan muchas veces hasta cinco colores fuertes y accesorios gigantes, porque el minimalismo no es lo de ella.

Wp-Directora-450

Sin embargo juega con las proporciones de manera tal, que luce siempre armónica posiblemente herencia de sus estudios de arte clásico en su natal Verona, en donde siempre fue la chica “rara” que se vestía diferente. Al terminar la academia en la tierra de Romeo y Julieta fue a vivir a Milán. Allí estudió diseño de vestuario en el Instituto Europeo para luego convertirse en diseñadora de la línea de zapatos de la marca Samsonite. Un trabajo soñado que Elisa asegura gatilló esa obsesión que la acompaña hasta hoy. Luego partió a París y comenzó una carrera independiente como productora de moda y estilista. No solamente cambió de ciudad sino que decoloró su melena castaña y la cortó sin piedad a la altura de las orejas, pues se adapta mejor, según ella, a sus actuales outfits algo más juguetones. Adoradora de la ropa vintage, rara vez se le ve con marcas reconocibles aunque de vez en cuando rinde homenaje a sus favoritos: Dries Van Noten, Prada, Lanvin, Marni y los zapatos Laboutin. Ella describió su estilo en The Telegraph como “estilo feliz”. Lo único que se repite en su look diario es esa sonrisa genuina enmarcada por el único labial que usa: el anaranjado matte de MAC “So chaud”. Elisa entiende la moda por dentro y por fuera, pero por sobre todo, la vive.

Katie Grand: la poderosa

Dueña de uno de los clósets más envidiados del planeta. En su casa londinense Katie tiene una habitación dedicada únicamente a sus zapatos y otra con percheros ordenados en orden alfabético. En la A cuelgan varios vestidos de Alaia, en la C decenas de piezas Chanel y sus prendas Prada cuentan con un colgador exclusivo pues la P no da abasto para las tenidas de su marca favorita. Esta inglesa nacida en Leeds en 1971, ha sido definida como una de las mujeres más influyentes en el mundo de la moda. Quizá los fotógrafos de Street Style no la persigan febrilmente pero es ella la responsable de momentos fashion que han hecho historia, como los desfiles de su gran amigo Marc Jacobs para Louis Vuitton o la primera portada de la revista POP con Stella McCartney y la diseñadora de Celine, Phoebe Phillo, en ropa interior bailando pole dance. No hay celebridad que no se rinda a los pies de Katie “Grand- a -minute” (juego de palabras que utiliza el apellido de Katie que es también el slang para millón de libras) sobrenombre que le puso la fallecida leyenda de la moda británica Isabella Blow, aludiendo a su capacidad de trabajo y el dinero que gana.

Wp-Directora-3

Es que la chica abandonada por su madre y criada por su padre en la ciudad de Birmingham, decidió a los doce años que “solo quería ser cool” y lo logró. Es casi imposible ser más cool que Katie, porque aunque rara vez usa maquillaje ni productos de belleza, su pelo carece del corte perfecto y se encrespa a la primera lluvia londinense y jamás ha querido arreglar el espacio entre sus dientes, tiene una actitud que la hicieron ganarse su puesto. Luego de ser editora de importantes publicaciones de moda como Dazed & Confused, The Face y Pop Magazine, la editorial Conde Nast le ofreció, en el 2011, su propia revista: una biblia fashion bianual de 400 páginas que llamaron LOVE que es hasta hoy éxito indiscutido. La Grand es famosa por arriesgarse y por trabajar duro pero sobre todo por su inagotable creatividad. El año pasado sólo tuvo tres fines de semana libres y el tiempo le alcanzó para diseñar accesorios para la marca italiana Hogan. Para la última campaña reunió a las top ochenteras Linda Evangelista y Stephanie Seymour con las top actuales Edie Campbell, Cara Delevigne, Doutzen Kroes, Joan Small y Abbey Clancy. Y es que es imposible resistirse a una propuesta de la Grand, quien comparte éxitos con su popular novio, el músico de la banda Pulp, Steve Mackey.

Emmanuelle Alt

Entre el tumulto de esforzados looks buscando desesperadamente ser fotografiados en las semanas de la moda europea, la editora de la Vogue francesa destaca por su sencillez. Esta parisina de tomo y lomo resume el look chic de su ciudad como pocas, con un maquillaje que si existe es imperceptible, delgadísima en sus skinny jeans favoritos de J Brand o Topshop, un blazer de corte impecable y tacones siempre altísimos usualmente de Guiseppe Zanotti. Emmanuelle es la reina del minimalismo francés con un toque rockero. Imitada por miles, jamás igualada pues no es fácil llevar este despojo y ser icono fashion. Pero esta mujer de 46 años lo logra. Comenzó su carrera en el mundo editorial a los diecisiete trabajando en la ELLE francesa y antes de los veinte ya era editora general de la revista 20Ans.

Wp-Directora-4

Le siguió la revista Mixte desde donde Carine Roitfeld la reclutó como editora de modas para Vogue París cuando ella fue nombrada editora general de la misma. Y así trabajaron juntas por casi una década, compartiendo una estética que se arriesgaba entre un atrevido erotismo y lo sadomasoquista, lo que otorgó un sello único a la versión francesa de Vogue. Hasta que en el año 2011 Roitfeld renunció o la sacaron, nunca se ha sabido con certeza, y Alt la reemplazó. Desde entonces estas dos chic pariesienne no se hablan. Hija de modelo, estuvo desde pequeña inmersa en el mundo fashion y el primer gran desfile al que asistió fue uno de Jean Paul Gaultier con su madre a los 19 años. “Loquísimo. Lo amé”, cuenta en entrevista a Hilary Alexander. Antes de ser la cabeza de Vogue trabajaba como estilista freelance de marcas como Balmain e Isabel Marant, en donde conoció al padre de sus dos hijos, el director artístico de la diseñadora francesa, Francois Durand.

Caroline Issa: la mujer de negocios

Directora y editora de moda de la revista Tank, vanguardista publicación británica con contenidos de arte y moda. Esta joven nacida en Toronto de madre china y padre mitad libanés y mitad iraní combina su exótica belleza con una mente entrenada para los negocios que convierte lo que toca en oro. Con un título en economía de la prestigiosa Escuela de Negocios Wharton de Filadelfia, trabajó una vez graduada como consultora de empresas y viajó asesorando importantes marcas de nivel mundial, muchas de ellas relacionadas con la moda por el que siempre se sintió atraída. “Después de un tiempo dando consejos financieros quise ser yo quien tomara las decisiones, además quería volver a un mundo que amo desde que trabajé como modelo a los 18 años —muy mala por cierto— cuando viví en Milán durante un verano”, cuenta en una entrevista dada a la revista Fashion de The Telegraph.

Wp-Directoras-5

Por eso cuando le ofrecieron ser directora de moda de Tank el año 2002, Caroline aceptó. Su estilo pulcro es herencia probablemente de su pasado en el mundo financiero y cada detalle de sus fotografiados outfits parece minuciosamente calculado. Su marca de fábrica son sus labios pintados de un rojo fuerte, perfectos trajes dos piezas y una amplia y blanca sonrisa. En su guardarropa no pueden faltar, ha dicho, pantalones de Paul Smith y blusas de la marca francesa Equipment, pero con esos básicos como punto de partida Caroline mezcla colores, texturas y diseños con un talento tal que prendas que en cualquier otro mortal lucirían como una mala imitación de Lady Gaga en ella se ven extraordinariamente elegantes e impecables. Su estilo único la ha convertido en imagen de una campaña para J Crew, la legendaria marca estadounidense, además de haber colaborado para la prestigiosa marca londinense LK Bennett, para la que diseñó una colección de carteras y zapatos que por supuesto llevan el sello Issa: muy coloridos pero muy sofisticados. Como esta joven, que se describe como “una mujer de negocios que ama la moda”, no para y su agenda no tiene nada que envidiarle a la de un jefe de Estado, acaba de lanzar un último proyecto: una revista online llamada Because, la que como todo lo que emprende parece ser ya un éxito