07 hrs suena el reloj… Sin entusiasmo miro con recelo a mi perro  que duerme al lado, panza arriba. Lo único que me saca de la cama es el Chocapic con leche.

08 hrs en el gimnasio escucho a lo lejos… las noticias de un canal nacional, mientras mi cabeza dispersa está en otro planeta como la mayoría de las veces… Primero pienso en cómo encarar el día; en la mitad descubro algo, después me voy a otra cosa. Más tarde miro la ciudad y admiro lo linda que se ve al despertar. De ahí vuelvo al pensamiento inicial. Cuando, finalmente, no saco ninguna conclusión, decido anotar en mi agenda ¡y juro organización de una vez!

10 hrs empieza mi día en el taller… donde está mi adorada Rosita, modista que me alegra la mañana: ‘Karyn, ¿te caliento agua para un té?’ Se mueve de un lado para otro sin dejar de hablar. Saco mi cuaderno. Sin él no soy nada.

13 hrs levanto la mirada… y veo las espectaculares telas que me saludan desde los estantes. Sin controlarme toco algunas. Le enseño al alumno en práctica cómo distinguir una seda de buena calidad y a admirar el movimiento que se genera al hacerla volar, mientras me brillan los ojos y me desvivo por esas exquisiteces de la vida. Podría hablar dos horas de corrido de sedas, algodones y linos. Desarmarlas y doblarlas por colores, texturas, composiciones. Siempre he dicho que un diseño, por sencillo que sea, si tiene movimiento se verá espectacular.

18 hrs se me ocurre mirar el celular… Tengo varios mensajes, mails y llamadas perdidas. Me doy cuenta que —como siempre y no sé cómo— lo tenía en silencio… Mmm…¿qué hago? Respondo correos… Ya llamaré… (pero no lo hago nunca).

20 hrs estoy lista para ir a casa… agarro las llaves del auto y Bruno (mi perro) aparece debajo de la mesa de cortes, entusiasta porque llegó la hora de volver. Tomo mi cartera en una mano, el computador en otra, el tupper con el almuerzo, los dos candados, mi agenda y cuando se me van cayendo las cosas… llego a la puerta.

21 hrs Cocinamos con Andrés… (mi marido) algo rico y saludable. Nos gusta hacer verduras en la vaporera, ensaladas abundantes y, si estoy de ánimo, me da por preparar sushi ¡y no sé por qué él prueba uno y no quiere comer más!

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