¿Puede creer que el jeans que está a punto de ponerse fue diseñado hace más de un siglo? Cuesta imaginarlo pero esa prenda que nos parece común es una pieza histórica que ha traspasado generaciones y que se ha transformado, adaptándose a las nuevas tendencias. Aun así, el ADN del jeans permanece intacto respetando los códigos que lo definen.

Patentado en 1873 por el diseñador alemán Levi Strauss junto con el sastre norteamericano Jacob Davis, el primer pantalón de mezclilla fue confeccionado especialmente para los mineros, en plena fiebre del oro en Estados Unidos. Ellos necesitaban una prenda muy resistente. Y de esa necesidad surgió la oportunidad. Strauss destinó el material con el que hacía carpas y tiendas de campaña para los trabajadores –un denim de color café–, para crear un overol a la cintura. Y Davis, por su parte, fue el encargado de reforzar con remaches de cobre los puntos estratégicos de tensión de la tela. Los marineros genoveses eran los que proveían a Strauss de la tela, ya teñida de un azul índigo de la India. El material comenzó a ser reconocido como el “azul de los genoveses”, y rápidamente derivó en lo que hoy conocemos como blue jeans.

Con la Primera y Segunda Guerra Mundial, esta prenda arribó al Viejo Continente para comenzar su vertiginoso ascenso al éxito. En la década de los ’50 fue un símbolo de juventud y rebeldía, y más tarde de igualdad sexual. El jeans no discrimina por edad, raza o nivel socioeconómico. Se convirtió en un instrumento democratizador de la moda.
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Durante el siglo XX en Latinoamérica y Chile, el pantalón de mezclilla fue un símbolo de rebeldía antiburguesa juvenil en tiempos de la reforma universitaria. Su consumo se disparó con la llegada de películas norteamericanas con personajes como Marlon Brando y James Dean, principales íconos de la moda hollywoodense. La consultora Euromonitor International estimó que entre 2010 y 2015 las ventas en nuestro país de jeans para hombres aumentarían un 53 por ciento y para mujeres un 69 por ciento. Cifras que duplicarían las tasas de crecimiento de Latinoamérica y el resto del mundo.

En Chile, la marca Americanino decidió celebrar los 140 años del jeans con un desfile y una campaña llamada “REduce, REusa, REcicla”. El diseñador Sebastián del Real fue el encargado de crear conjuntos de pasarela hechos sobre la base de retazos. Un hombre estructurado que afirma haberse sentido desafiado con este proyecto, donde tuvo que destruir, para que del caos surgiera algo completamente novedoso.

–¿En qué te inspiraste?
–En el proceso de destruir las piezas, me vino una sensación de fin del mundo, apocalíptica y cómo a partir de eso armar un look con características urbanas. Me preocupé de que la ropa fuera usable. Me fui a películas como Mad Max, Blade Runner, Waterwold, ese universo futurista destrozado. Para las mujeres pensé en Elle Driver de Kill Bill, Tina Turner de Mad Max, y para los hombres pensé en un personaje poderoso pero sensible a la vez. Me inspira (Jean-Paul) Gautier, él juega mucho y eso es lo que nos pedían en esta celebración, jugar.

–¿Cómo ves la transformación de este instrumento democratizador de la moda, del obrero a la pasarela?
–El jeans no solo se ocupa en las calles, sino que diseñadores de alta costura también los usan. Me parece natural ese proceso de ‘goteo’, esa pirámide donde las cosas pasan de las pasarelas a la calle, y viceversa. El retail está adaptándose al autor. Jean-Paul Gautier colabora con Levi’s, Karl Lagerfeld colabora con H&M, Stella McCartney con Adidas. Son naturales esas colaboraciones. La peor estrategia como diseñador es ser enemigo del retail.