Hace unos días hice un cambio de temporada en mi armario. En Dinamarca estamos entrando en modo invierno así que todos los vestidos y blusas con tirantes spaghetti, los shorts de telas livianas, sin mencionar bikinis y pareos, fueron a parar al ático en las correspondientes maletas y bolsas para guardarlos al vacío. Y no fue solo ropa sino también accesorios, salvo un tipo: mis lentes de sol.

Repetiré lo que he escrito ya sobre carteras y sombreros: ¡me encantan! TODAS me gustan y puedo pasar tanto tiempo en una óptica como en una zapatería o joyería. ¿Qué tienen los lentes de sol que las puede transformar en una obsesión? Yo tengo varios pares, pero claramente estoy a años luz de los más de 1000 con los que impresiona Sir Elton John.

Nadie más feliz que yo cuando me di cuenta de que las gafas de sol no eran solo para el verano, sino que se podían usar todo el año. No me hizo tan feliz pensar que hay una razón fundamental de protección a la exposición a los rayos solares y las radiaciones nocivas que pueden provocar daños irreversibles a la vista, sin importar si es invierno o verano. Cuando en Chile se acerca el verano, es buena idea pensar seriamente en cuidar los ojos.

No sé por qué, pero debo decir que los lentes de sol en invierno me gustan aún más. Me parece que le dan un twist sofisticado al look invernal —de hecho,  he probado tenidas con y sin gafas y, créanme, cambian increíblemente—.

Desde el punto de vista práctico, no sé si es el incesante viento danés, pero desde que vivo acá mis ojos suelen lagrimear sin razón alguna en invierno: ¿el frío? ¿el viento? ¿la contaminación? No lo sé. Pero sé que las gafas me ayudan a mantener la máscara para las pestañas y el delineador en su lugar, evitando el indeseable “look panda”.

Además, coincidirán conmigo que sin importar cuándo, un par de gafas oscuras es el mejor aliado tras una noche de fiesta en la ciudad, si lloraste por horas o simplemente si el insomnio te ha atacado en versión obsesiva las últimas 4 noches al hilo. La forma más chic de disimular las horrendas y muy poco sentadoras “ojeras” y, en general, la mala cara que te deja el “living la vida loca” o doliente.

De hecho por su efecto práctico de protección, reporteando en la calle, las semanas de la moda, por ejemplo, he visto que también me sirven para mirar “con discreción” a todos los “ellos” y “ellas” que merecen un “escrutinio” un poco más detallado y, dentro de lo anecdótico, te da un aire “de incógnito” insuperable.

Es solo cosa de ver esas miradas furtivas a la “¿será alguien conocido?”. Esto me hace pensar también que mi admirada Audrey Hepburn encarnando a Holly Golightly en “Breakfast at Tiffany’s” y parada con sus lentes Manhattan de Oliver Goldsmith… Inolvidable.

El cine nos regala además un número de gafas que han hecho historia: Tom Cruise con sus Aviator en Top Gun o con las Wayfarer en Risky Business, ambas de Ray-Ban, que también vistió la mirada de “Men in Black¿lo recuerdan? O las de corazón de “Lolita” de Stanley Kubrick, que no sé quién diseñó pero que se encuentran en numerosas colecciones, y no negarán que Susan Sarandon, no sería la misma Louise en “Thelma & Louise” sin esas gafas Cornu de L.A.Eyeworks. Imposible no inspirarse.

¿Las más extravagantes que he visto? Tenía unos 16 años cuando con mi hermano Oscar pasé a probarme unas gafas que me gritaron desde la vitrina de una óptica en Providencia… el marco era de madera, eran maravillosas y me quedaban que era un sueño, pero cuando me dijeron que costaban casi 500 mil pesos, puse mi mejor sonrisa y me fui soñando.

Hace un par de años vi unas de Chopard con oro y 51 diamantes por unos 400.000 dólares (sobre los 260 millones de pesos) y otras de Dolce & Gabbana que andaban también por ese precio. Suspiras, te quedas con la boca abierta y piensas en todas las que has perdido a lo largo de tu vida, sobre un café, en un avión y en las que solo desaparecieron sin saber cómo ni cuándo.

En fin, yo sigo disfrutando mis grandotas -oversized, como muchos las llaman,- y sigo aquel dicho que se le atribuye a Alexandre Dumas quien habría dicho que “La vida es fascinante: sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas”.

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