Vestido de época y rodeado de bailarines enmascarados, David Bowie confirma en la última campaña publicitaria de Louis Vuitton llamada L’invitation au voyage que este ha sido su año. Después de celebrar la exposición David Bowie is, que partió en el museo londinense Victoria & Albert y del anuncio de la reedición remasterizada del místico disco Aladdin Sane, ahora se sienta en un piano que parece imaginario para recibir a Arizona Muse. No es coincidencia: La modelo es la favorita del momento, al punto que Anna Wintour dice: “Cuando la miro, veo sombras de Linda Evangelista y Natalia Vodianova. Pero sobre todo veo a una mujer hermosa, inteligente, adulta. ¿Alguien podría resistirse a una persona con ese nombre?

Bowie es el anfitrión para que cada uno de sus invitados sea el dueño de su propio destino. Tiene mérito de sobra: es un ícono de la música y de la moda que, en sus cincuenta años de carrera, tiene un sello ecléctico que no olvida el musical británico, el cabaret de Berlín, el expresionismo alemán, el Kabuki japonés y el pop art de Andy Warhol. En el filme, dirigido por Romain Gavras y con la fotografía de David Sims, se crea una escena operática con un inesperado final. Es cuando Arizona deja Venecia y continúa a bordo de un antiguo barco chino su extraordinario viaje.