Si el mundo de la moda tuviera un imperio, tendría al menos una decena de emperatrices. Musas, editoras y modelos aprueban o condenan una tendencia en cosa de segundos. Pero, contrariamente a lo que se cree, no todas son estéticamente perfectas. Hay al menos cinco que están, de hecho, en las antípodas del prototipo de una fashion victim. Mujeres que no necesitaron beber un elixir ni ser portadoras de una belleza perfecta para tener un lugar muy bien ganado en la industria.

Más de alguna vez la prensa les devolvió sus críticas con un “mírense antes de hablar”. Pero a ellas no les interesa, porque su estilo marca pauta y es inmortal. Son el squad de las feas más cool de la moda de todos los tiempos…

Una de sus fundadoras es la marquesa Luisa Casati, considerada la primera femme fatale de la historia y apodada “la musa más tétrica” de la Belle Epoque. A pesar de tener ojos saltones, ojeras y pómulos escandalosamente huesudos, la aristócrata le hizo la competencia a la Virgen María y a Cleopatra en cuanto a la inspiración que fue para artistas. El barón Adolph de Meyer y Picasso sucumbieron ante sus misteriosos encantos. Y el diseño también se rindió a sus pies; fue una de las primeras en usar el vestido delphos de Fortuny y hoy Galliano, Tom Ford, Armani y Alexander McQueen muestran colecciones inspiradas en su cabellera teñida de colorín y la ostentosidad de su vestuario; lleno de plumas, joyas y pestañas postizas.

Pero la marquesa no está sola. Otra pelirroja que se impone es Grace Coddington. Hizo y deshizo en la industria desde que posaba para los lentes más agudos de los sesenta como modelo. Sin embargo, un accidente de tránsito y cinco operaciones destruyeron su imagen, pero no su carrera. Hoy sólo necesita de un conjunto de blazer y palazo negro para opacar las cicatrices y quemaduras de su rostro y presentarse como la directora creativa de Vogue, que se sobrepuso a Wintour en The September Issue y que tendrá su propio documental el año que viene. Su sello —y frondosa cabellera encendida— permite identificarla desde lejos en cualquier desfile.

wp-feas450

Aunque las medidas perfectas no sean lo suyo, el club también está integrado por Suzy Menkes, la responsable de retratar a la industria actual. Con una inmortal melenita acompañada de un “jopo” hacia atrás, todo lo que dicta en el portal de Vogue se hace ley y en sus manos ha estado el destino de todo diseñador desde que comenzó a escribir para International Herald Tribune y The New York Times. Pero a ella no le interesa quien le haga fiesta, su humor british ataca sin piedad entre líneas. No tuvo reparos en criticar y luego canonizar a Oscar de la Renta y tampoco se arrugó para destruir la colección de 2002 de Galliano para Dior. Menos le importó ser excluida de los próximos desfiles de la firma: “Esto es el mundo de la moda: a la gente le gusta hacer dramas de todo”, dijo públicamente. Es considerada la verdadera paradoja viviente de la industria: su look puede distar del glam pero los peces más gordos de las pasarelas la siguen. De hecho, Alber Elbaz, ex director creativo de Lanvin confesó no dormir hasta terminar de leer sus columnas.

La última embajadora de la dinastía Versace también integra el club de las feas más estilosas de la historia. Durante los ochenta, Donatella fue reina de las fiestas y su adicción a la cocaína le pasó la cuenta luego de que su hermano y fundador de la compañía, Gianni Versace, fuera asesinado en su mansión. Con la crisis de la marca, el look de Donatella también cayó. Pasó de lucir la cara lavada, acompañada de un bronceado perfecto y cabellera rubia platinada, a una auténtica lucha de colágeno y bótox con la edad. Cambios en las cejas, labios y pómulos mutaron todo el rostro de la cabecilla de la firma. Pero eso no fue todo. “Me volví adicta al rubio”, confesó en más de una ocasión. Sin embargo, aunque su pelo desconcierte a sus 60 años y sea burla segura de cada temporada de Fashion Police, la diseñadora está de vuelta en las pistas; es invitada de honor a todo evento, su opinión cuesta millones de dólares y cuenta con uno de los imperios más blindados de las pasarelas.

Notoriamente imperfecta pero también cool es la veinteañera Kelly Mittendorf. Su rostro tipo felino con ojos rasgados y dientes separados estuvo en el ojo del huracán desde que tenía 11 años, cuando fue descubierta nadando en una piscina de un resort en Phoenix. Sin embargo, su imagen no sólo provocó la atención de scouters deseosos de fama, sino que también de sus compañeras de colegio. “Era como una escena de Mean Girls”, recuerda la modelo siempre que es entrevistada. Víctima de bullying, nunca bajó la guardia y resistió hasta cumplir los 16 años, cuando firmó con Prada y cerró el desfile de Marc Jacobs. No necesitó ser amiga de una celebridad ni contar con millones de seguidores en Instagram como Kendall o Gigi, porque su cara imperfectamente simétrica está a la par de sus piernas kilométricas.

Digan lo que digan, la imagen de estas cinco mujeres tiene un lugar en la industria. Quizás el final no será como el cuento de Hans Christian Andersen, cuando el patito finalmente creció como un cisne, pero qué importa. Son las más cool y más vale estar atentos a sus reglas. Seguro tienen la razón.

El instagram de suzy menkes: instagram.com/suzymenkesvogue/